
El hecho se registró el sábado y la víctima falleció en horas de la mañana del domingo en el HCM, donde le diagnosticaron muerte cerebral por el tiro en la frente que recibió el menor
La pérdida de valores y la descomposición social, llevaron una vez más a cometer otro hecho de violencia que dejó nuevamente un saldo trágico, donde la saciedad por venganza impulsó a un adolescente de 14 años, asesinar a su amigo de la infancia, tan sólo por el hecho de que él, le ganara una pelea.
El hecho se registró en la calle El Trueno del sector Batalla de Niquitao del barrio San Vicente, municipio Girardot. La víctima en este crimen fue otro adolescente de 13 años, identificado como Carlos Eduardo Salas Salas, quien vivía en la misma comunidad y era estudiante de sexto grado.
Su progenitora, María Salas, contó que los dos eran amigos desde la infancia, “ellos se criaron juntos, pero cuando fue creciendo (homicida) vi que iba por malos pasos, y aunque le dije a mi hijo que no se juntara con él nunca me hizo caso”, apuntó.
Sobre los hechos indicó desconocer el motivo de la pelea, pero le dijeron que al parecer fue por una bicicleta, “ellos llegaron a los golpes, mi hijo le ganó y su amigo se molestó”, comentó la madre.
Al parecer, minutos después el adolescente apodado “El Elvis” buscó una pistola y se llevó a su amigo para la parte trasera de un terreo que está en la comunidad y allí le propinó certero disparo en la frente. Fue llevado rápidamente al CDI de San Vicente y de allí lo trasladaron al Hospital Central de Maracay (HCM).
Es de resaltar que este hecho se presentó el sábado en la noche y la víctima falleció a eso de las 11:00 de la mañana del pasado lunes, donde le diagnosticaron muerte cerebral, cuando estaba internado en el HCM.
La madre de la víctima señaló que por ese sector no se registran ese tipo de hechos violentos que terminen en tragedia, “casi siempre hay peleas pero nunca llegan a ese punto”, manifestó.
La policía del estado y la científica se encuentran en la búsqueda de este menor de edad, quien se encuentra huyendo de la justicia.
Yenireth Churio
Foto Raúl Milán