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CORRER LA ARRUGA

Leo que empleados de la empresa juguetera de treinta y dos años de trayectoria cuya producción fue confiscada en diciembre, llevan dos meses sin cobrar. Es decir, desde diciembre. También denuncian amenazas. Lo que el Gobierno intentó entonces era la segunda edición del llamado “dakazo”, un golpe propagandístico cuyo impacto fue menor y, por lo tanto, con rendimientos políticos decrecientes. Ni el “dakazo” ni el “juguetazo”, como tampoco los aumentos decretados en el salario mínimo son efectivos, y ya ni siquiera efectistas.

La realidad es que quienes gobiernan han decidido no enfrentar la realidad, acaso porque sencillamente no la comprenden, o porque creen que si lo hicieran cometerían un pecado de alta deslealtad, o simplemente porque no se atreven a pagar el precio de asumirla, conscientes de que entre sus propios camaradas habrá quienes lo están esperando para saltarles encima a facturárselos. Las consecuencias las pagamos todos los venezolanos, trabajadores asalariados o empresarios, productores o consumidores, con la excepción del pequeño grupo beneficiario de esta situación insostenible.

Lo que padecen los trabajadores de la industria de juguetes referida al comienzo es lo que, de maneras diversas, sufrimos todos. Son los efectos de las decisiones equivocadas y de las indecisiones prolongadas de un equipo de gobierno que prefiere correr la arruga a ver si pasa algo que les cambie la suerte, y lluevan divisas en las cabeceras del precio del petróleo para poder volver al gasto desordenado que aprovechan los corruptos y con cuyas sobras puede caerle algo a una parte del pueblo para aguantar otro rato.

Correr la arruga no resuelve nada. Al contrario, como los problemas se agravan, cada vez sirve para menos en cuanto al ánimo popular. El desprestigio del gobierno se acentúa y la cosa no mejora desprestigiando a los adversarios. Son muy pocos los que creen que pueda atinar con una solución. Rotar los ministros, crear comisiones, anunciar misiones y grandes misiones, aumentar el griterío de la propaganda y la frecuencia y duración de las cadenas a las que nadie pone atención, tiene una utilidad que languidece.

Con la economía hay que tomar medidas. Poner las teorías, los discursos, las creencias más o menos supersticiosas a un lado, y plantarle cara a la realidad. No se ve en el panorama oficial el coraje para eso. Mientras, corren la arruga y esperan. Claro, no llevan sol en la cola y pueden comprar las medicinas afuera.

Ramón Guillermo Aveledo

Acerca Adriana Castellano

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