Tobías Hernández, el cátcher con ojo clínico

Tobías Hernández, el cátcher con ojo clínico

|| César Méndez Campero

La leyenda viviente del Cardenales de Lara destacó en el terreno como un fino defensor de la posición dos, pero también como excelente instructor y scout

La mayoría de los aficionados del beisbol profesional venezolano conocen a Tobías Hernández por ser uno de los más finos receptores nacidos en el país, algo que quedó refrendado por su excelente carrera en la LVBP y en Estados Unidos, donde logró “tomarse un café” en 1984 con los Azulejos de Toronto en MLB. Tal vez lo que pocos sepan, es que, estando activo formó a otros catchers, descubrió y ayudó a formar nuevos talentos.

A este barinés de nacimiento, criado en el Guárico, se le dio bien jugar a la pelota en una familia agricultora. En 1978 firmó contratos con Toronto y los Cardenales de Lara, por medio del famoso scout dominicano Epifanio “Epy” Guerrero. Recibió un bono de $500.

“Cuando a uno le dan el chance, tiene que aprovecharlo en el momento preciso. Cuando Cardenales me dio aquella oportunidad la aproveché con bastante suerte, porque hay que tener suerte también y cuando se dieron cuenta de que podía quetchar todos los días, yo pensé: Esa mascota va a ser difícil que me la quiten” comentó acerca de su consagración como titular en la campaña 1984-1985. “Fui regular por 8 temporadas con Cardenales. Iba siempre a la final, estuve en varias con Cardenales, fuimos campeones una vez y me retiré en la 91-92” recapituló sobre una trayectoria que inició en la 78-79.

Hernández estuvo con los larenses en la trilogía de finales frente a los Leones del Caracas en los cursos 1979-80, 80-81 y 81-82 (sólo actuó en esta). Luego jugó en la instancia decisiva ante las Águilas del Zulia en la 83-84 y en otras dos series ante los capitalinos en la 89-90 y 90-91 en la que finalmente alzaron el gallardete, después de 25 años en la liga.

En esa contienda ante el Caracas, jugó poco. Contó que Willie Banks pidió lanzar el sexto juego y solicitó al manager Domingo Carrasquel que le recibiera Randy Knorr, a lo que Hernández no puso objeciones “todo con tal de quedar campeones”. “Ese fue un título inolvidable para la gente de Barquisimeto” exclamó.

“Para mí, el beisbol de los 80 fue difícil. Yo como novato me codeé con puros grandeligas, porque aquí venían bigleaguers y triple A. Hubo una temporada que Cardenales trajo a todo el equipo de Toronto y los únicos que no éramos grandeligas éramos Fred Manrique y yo” aseveró.

A Luis Leal lo califica como un “pitcher inteligente que se encontró con un cátcher inteligente”. Contó que él era el prospecto número uno de la receptoría de la organización canadiense y después le tocó recibirle a grandes lanzadores que llegaron a las mayores.

MASCOTA DE CALIDAD

En la década de los 80, sólo dos receptores criollos habían llegado a las mayores y por ende eran referencias: Baudilio Díaz y Tobías Hernández. “Caracas tenía dos catchers muy buenos en Baudilio y Carlos Hernández” reconoce, al tiempo que recuerda al mirandino, preguntándole cómo sacaba la pelota tan rápido de la mascota. “Eso es natural y también cuestión de trabajo”, le contestaba. “Contaba con un buen brazo, educado para sacar outs, era difícil robarme una base a mí” afirmó con seguridad.

“Cuando llegué a Grandes Ligas, Bobby Cox me dijo que no me quería ver más en las menores, porque sabía que yo era un jugador defensivo 95%”. Refirió que a ese piloto le gustaba el jugador latino, porque son guerreros.

Se mostró maravillado por la larga lista de catchers venezolanos que le siguieron por las Grandes Ligas. “Yo fui el venezolano 34 que llegó a las mayores y el segundo cátcher” rememoró. “Venezuela pasó de producir shortstops a sacar excelentes receptores. Eso está demostrado 100%” recalcó.

“TOBY” EL CAZATALENTOS

Después de contraer la hepatitis B, su estatus en la organización de Toronto cambió. En 1985, con 26 años le ofrecieron convertirse en técnico, algo que rechazó, por considerar que todavía estaba joven. Aunque no pudo seguir en la pelota organizada estadounidense, los Azulejos se aprovecharon de su conocimiento en la posición y le enviaron varios prospectos para que los enseñara aquí con Cardenales.

Confesó que “ellos me pagaban algo escondido por eso”. Así, apuntó que pulió a Pat Borders, Randy Knorr y a Ed Sprague. Explicó que Borders era tercera base, pero lo convirtieron en receptor, lo mandaron a trabajar con él en la LVBP y de aquí llegó al Big Show, para ser regular y ganar dos Series Mundiales con los Azulejos. “De repente iba a ser yo el cátcher ahí encargado con él” soltó con un dejo de nostalgia.

También recordó la historia de Oswald Peraza, escopetero que brilló con Lara en los 80 y parte de los 90, que estuvo en la gran carpa con los Orioles de Baltimore. Según Hernández, a este espigado pelotero lo habían firmado como cátcher, pero le recomendó cambiarse a lanzador por su estatura. Poco después le pidió al guariqueño que lo ayudara a hacer la transición a pitcher.

Empezaron a trabajar a diario, hasta que lo vio Oswaldo Virgil, manager dominicano que dirigió dos temporadas a los pájaros rojos y le preguntó por aquel derecho. “Toby” respondió: “Tira bastantes strikes y tiene un lanzamiento imbateable”. Entonces, lo designó para abrir el primer juego de una doble cartelera ante los Tiburones de La Guaira que sostendrían al día siguiente en Barquisimeto.

Peraza se fajó con Odell Jones en un juegazo en el que no toleró carreras y se llevó la victoria ayudado por la mascota de Hernández, quien relató que cuando el manager lo fue a sacar le dijo: “Oswald te ganaste otra salida”. En la siguiente actuación le ganó al Caracas y al terminar la temporada, Peraza logró 6 triunfos.

Años después, en la 87-88 Peraza ganó el premio Pitcher del Año. Había sido dejado libre por Toronto, que quiso firmarlo otra vez, pero el receptor le recomendó esperar otras ofertas. Así llegó la organización de Baltimore, que en enero de 1988 lo contrató con invitación al campo de entrenamiento del equipo grande y se quedó en las mayores aquella campaña.

“Toby” como le llamaban en Estados Unidos, también ayudó a Giovanni Carrara en sus inicios con Cardenales. Recién dejado libre por las Águilas del Zulia, el derecho buscaba un chance en Barquisimeto, junto con Luis Leal intercedió ante Humberto Oropeza. Le extendieron la invitación a los entrenamientos y se quedó con el equipo; lo demás es historia.

Sobre esa capacidad para detectar talentos, reconoció que Epy Guerrero lo ayudó mucho, a tal punto que después de retirarse en Venezuela se fue a trabajar con el quisqueyano como scout de los Cerveceros de Milwaukee, logrando firmar al menos una docena de jugadores. Ahí se mantuvo hasta que ese equipo cambió de dueño.

En la actualidad Hernández reside en Maturín, estado Monagas, alejado del beisbol, a la espera de su pensión por el beisbol organizado. Esto, después de haberse dedicado a la agricultura en Guárico.

PASO FUGAZ 

Su mejor momento en el beisbol fue cuando ascendió al Big Show. “Ese día estábamos jugando en Triple A y en el primer inning me botaron del juego por protestar. Después expulsaron también al manager”, contó. Al concluir el partido, el dirigente lo mandó a ir a la oficina con dos cervezas. Entró a la oficina, se sentó frente al escritorio y el estratega le pidió que bebiera la espumosa para festejar. Intrigado, Hernández no entendía la situación. “¿Vamos a celebrar que nos botaron?” le interrogó. Entonces, el hombre abrió la gaveta, sacó un sobre y le dijo: “No vamos a celebrar que te botaron. Mañana te tienes que dirigir al Fenway Park de Boston, porque te subieron a las Grandes Ligas”. Aquella fue la alegría más grande de su vida.

“Ese fue un gran día, debutar en las Grandes Ligas y en el Fenway Park. Esa es la meta de todo pelotero, llegar a las Grandes Ligas y mantenerse. Lamentablemente no pude mantenerme porque me dio una hepatitis B, que estoy vivo gracias a Dios y al Doctor José Gregorio Hernández”. Rememora que aquella enfermedad la contrajo jugando la postemporada con el conjunto alado en la campaña 84-85, en la que tuvo que terminar quetchando Emilio Carrasquel.

EL DATO

Su ídolo en el beisbol fue Johnny Bench, el cátcher de la famosa Gran Maquinaria Roja de Cincinnati de los años 70.

 

 

NÚMEROS QUE VALEN

temporadas en la LVBP, todas con Lara
finales disputadas
título (90-91)
hits conectados
carreras impulsadas

 

 

 

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