Johnny Paredes, la historia de un ganador

Johnny Paredes, la historia de un ganador

El elegante segunda base zuliano contó los momentos cumbres de su carrera dentro del beisbol y cómo ha vencido a la adversidad fuera de los diamantes

César Méndez Campero

Johnny Paredes comenzó su andar en la LVBP en la 81-82. Fue firmado por Noé Maduro para las äguilas del Zulia y los Filis de Filadelfia. La campaña siguiente comenzó a recibir chance y ya en la 83-84 se adueñó de la segunda base después de pedirle oportunidad al manager Rubén Amaro para, con buen desempeño desplazar a Mario Labastidas de esa posición. Su actuación fue fue tal, que le valió para ganar el Novato del Año de aquel curso.

“Yo iba al terreno a disfrutar y a ganar” menciona sobre esa campaña, que fue la del primer título zuliano en la LVBP y la Serie del Caribe. Paredes rememora que era el único novato, pues estaba rodeado por Jesús Marcano Trillo, César Tovar, Leonel Carrión y los importados.

De ahí, le quedó ese liderazgo que ejercería más adelante cuando las Águilas campeonas de la 91-92 y 92-93 con Pompeyo Davalillo como estratega, estuvo junto a jóvenes como Cristóbal Colón, los hermanos Zambrano y Pedro Castellanos, entre otros. “Ellos me querían, todo lo que yo les decía, lo practicaban en el terreno. Fue una época exitosa porque ganamos mucho y todo nos salió bien”. Todavía lo siguen llamando capitán.

Davalillo les decía a los muchachos que hicieran caso a todo lo que Paredes les indicaba, porque “era muy inteligente y pícaro”, por eso lo nombró capitán del equipo. “Pompeyo y Rubén (Amaro) me dijeron que no me iban a dar más señas de toque, bateo y corrido ni nada, porque ya yo sabía lo que tenía que hacer. Gracias a Dios siempre me salía todo bien”.

En la 92-93 le ocurrió una anécdota en el stretching previo a un juego, esa vez, Carlos Quintana, quien venía de Grandes Ligas llegó unos minutos tarde a la raya. Por regla, el que se retrasara para el estiramiento tenía que regresarse a su casa, pero Paredes permitió incorporarse al “Cañón”. Entonces uno de los peloteros en el grupo le dijo: “Capitán te fregaste porque llegó el general”, el toletero mirandino escuchó y le replicó: “Yo podré ser el general, pero aquí sigue mandando el capitán”.

FIEBRÚO Y REBELDE

En las campañas 88-89 y 89-90, el segunda base no jugó en Venezuela porque tuvo que someterse a la operación Tommy John durante los entrenamientos primaverales.

“Yo tiraba las maletas en la casa y duraba 10 o 12 días ahí, ya cuando empezaban las prácticas (de las Águilas) me picaban los pies por irme al estadio” reconoció en relación a cuánto le gustaba jugar en la LVBP.

Paredes se autodenomina como una persona estricta en el terreno. Le disgustaban las injusticias. Una vez que ganó jerarquía en su club y en la liga, se prometió que no iba a permitir abusos hacia los jugadores, especialmente los novatos. Dijo que cuando las Águilas se coronaron en la 83-84 vio mucho de eso, pero por ser novato tuvo que callar, pero luego en la 91-92 y 92-93 no fue así. Recordó los casos del pitcher Félix Pérez y del cátcher aragüeño William Mota.

A esos dos peloteros, quisieron “bajarlos del avión” para abrir espacios para refuerzos en la Serie del Caribe del 92, pero resulta que el escopetero era muy trabajador y el receptor había salido como emergente en un juego de la final ante Magallanes para dar un batazo clave que ayudó para la victoria de los rapaces. Ese día Paredes tenía el turno con corredores en circulación con el equipo abajo, pero se sentía mal, pidió a Davalillo que lo sacara del juego y pusiera a batear al maracayero.

En una entrevista, el avezado manager se quedó con el crédito por aquel movimiento, algo que incomodó a Paredes, pero no tanto como el que hubieran pretendido dejar al joven fuera del viaje al igual que a Pérez. Por eso, el camarero amenazó a Davalillo y a Amaro (por entonces gerente de la escuadra) con no viajar si sus dos compañeros eran removidos del plantel. Esto trajo como consecuencia su cambio para Caribes de Anzoátegui.

Al llegar a Puerto La Cruz se enamoró de la ciudad, conoció a su segunda esposa (con quien aún convive) y tuvo una buena temporada en la 93-94. La campaña siguiente, fue cesanteado por inconvenientes con Luis Aponte, quien era gerente del equipo. “Como él era evangélico, prohibió las cervezas en los viajes y las malas palabras en el dugout” entre otras reglas. Paredes se las aceptó menos las de las groserías y las espumosas. Por eso salió de la escuadra indígena y fue tomado por los Tiburones de La Guaira.

Con los escualos disputó un puñado de encuentros de la 94-95 -última campaña como activo-, no sin antes haber tenido una disputa con Pedro Padrón Panza. “Por eso dicen que yo era rebelde, pero volveré a ser pelotero y volveré a ser rebelde”, recalcó.

AVENTAJADO ALUMNO

Paredes siempre fue comparado con Jesús Marcano Trillo, al punto que se decía que lo imitaba. “Yo no trataba de imitar a nadie” aclaró, “eso era una relación entre hermanos”. Reveló que el “Indio” era muy serio y reservado y no le gustaba que nadie se le acercara a coger rollings con él, pero invitaba al novato a agarrar rodados a su lado y lo iba corrigiendo.

 “Yo trataba de hacer lo mismo que él. Gracias a Dios me salió todo bien, a él le fue gustando la manera como yo agarraba los rollings, le fui cogiendo confianza hasta que me dejó solo y se me pegaron sus mañas.”. La madre y la esposa de Trillo le comentaban a Paredes que al verlo jugar no sabían de cuál de los dos se trataba.

Luego, Marcano Trillo le enseñó al pupilo sus trucos. “Fue algo natural. La picardía la fui aprendiendo yo con el juego. Así nació la relación de nosotros”. La confianza entre ambos se convirtió en amistad, tanto, que hoy día son compadres.

Durante su curso de novato, el grandeliga le obsequió su guante. Paredes contó que Marcano Trillo quiso hacerlo porque el joven no tenía uno para jugar, pero los periodistas al darse cuenta de aquello, prepararon la foto en las afueras del estadio e inmortalizaron aquel gesto.

El único regaño que el “Indio” le hizo en su carrera, fue una vez que recibió un tiro del outfield e hizo el disparo de relevo al lugar equivocado, porque creyó que era lo procedente. Marcano Trillo le replicó “aquí no se viene a creer, aquí se viene a hacer”. Eso, le quedó como lección.

FRUSTRANTE LESIÓN

Su paso por las mayores fue breve, solo tres temporadas (1988, 1990 y 1991), cuando debió ser extensa y fructífera. Paredes se lesionó el codo jugando con los rapaces en la 88-89 y debió someterse a la operación Tommy John en la primavera siguiente. En ese año 89 tenía asegurada la titularidad del segundo cojín con los Expos de Montreal pero no pudo jugar, “así perdí yo mi carrera en las Grandes Ligas, por la fiebre de jugar en Venezuela” reconoció.

En su primer juego se estrenó con hit ante Bobby Brown y al día siguiente disparó el primer vuelacerca, “una línea hacia el leftfield, que me quedé asombrado”. Se quedó contemplando el batazo pero, porque no lo creía. Eso no cayó bien al lanzador, se regó la voz de lo sucedido en las Grandes Ligas y recibió un pelotazo en la cabeza, que le rompió el casco, suficiente para agarrarle miedo a la pelota. A partir de ahí comenzó a descender su rendimiento y lo bajaron a Triple A, pero no quería estar en esa categoría pues consideraba que no tenía nada que demostrar ahí.

En el 90 fue tomado en waivers por los Tigres de Detroit, donde estuvo incómodo con el manager Sparky Anderson, pues “era racista” y no le dio chance. Al no mantenerlo en el equipo grande volvió con Montreal, que lo tuvo el resto del año entre las mayores y AAA, lo mismo que en 1991. En el 92 estando en las menores, fue enviado a Japón, donde se coronó con las Golondrinas de Yakult. Jugó un año más en las menores, pasó por México y se retiró en el 95 en Italia.

UN VENCEDOR FUERA DEL TERRENO

Johnny Paredes estuvo un par de años como scout de los Filis de Filadelfia. Trabajó como técnico con los Caribes de Anzoátegui pero no pudo continuar por problemas personales. En 2017 se aprestaba a trabajar en la academia del hijo de Samuel Moscatel, pero le dignosticaron por primera vez cáncer de garganta. No pudo trabajar. En 2019 volvió a intentarlo pero le repitió la enfermedad y volvió a vencerla.

A finales de 2019 sintió molestias otra vez; este año le detectaron algo en el pulmón derecho. Aparentemente, según su médico especialista no se trata de cáncer, de modo que tendrá que ser operado para limpiarle ese órgano y hacerle biopsia al tumor detectado. “Él me dijo que eso no parece cáncer, pero no se atrevió a asegurarlo, por eso me recomendó la operación”. Paredes está convencido, de que una vez más saldrá airoso, en el nombre de Dios.

EL DATO PALMARÉS
El primer hit en la LVBP se lo bateó al legendario Luis Lunar, de los Tiburones de La Guaira en Caracas, a quien casualmente le conectó el último imparable en el profesional, jugando en la liga italiana.

Novato del Año LVBP (1983-84)

Campeón LVBP con Águilas del Zulia (83-84, 91-92.92-93)

Campeón Serie del Caribe (1984, con Zulia)

Campeón NPB con Yakult (1992)

 

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