Conoce los beneficios de las vitaminas D, E y K

Conoce los beneficios de las vitaminas D, E y K

Las vitaminas son sustancias orgánicas que existen en los alimentos y que nuestro organismo no es capaz de producir. Por lo que debemos suplirnos de ellas a través de las comidas o de los suplementos como tabletas o líquidos.

Todas las vitaminas son importantes para la salud, pero hoy hablaremos de la vitamina D, E y K:

La vitamina D

Calciferol es una vitamina liposoluble también es conocida como “la vitamina del sol”, porque cuando los rayos ultravioletas hacen contacto con la piel, y se combinan con los aceites naturales, se producen la vitamina D. Para recibir una cantidad suficiente debe exponerse al sol de 10 a 15 minutos tres veces por semana.

Esta vitamina produce grandes cantidades de calcio y fósforo. Por lo que previene el desarrollo de enfermedades como la osteoporosis y protege de fracturas de huesos. Colabora en el mantenimiento óseo y dental. Se encuentra en los pescados, mariscos, leche, huevos, queso y yogurt. Las dosis diarias tienen que ser de 400 unidades, ya que la deficiencia de vitamina D produce malformaciones de los huesos y retarda el crecimiento.

Vitamina E

También conocida como tocoferol es fabulosa para el corazón, los músculos los órganos reproductores. Como además mejora considerablemente el aspecto de la piel, las mujeres la usan mucho para los tratamientos de belleza contra las arrugas. Se encuentra en los cereales, aceites, vegetales, frijoles, huevos, mantequilla, hígado y verduras. Una dosis diaria de 30 unidades es suficiente para evitar trombosis y fatigas.

Vitamina K

Ayuda a la coagulación de la sangre. Se encuentra en las verduras. Una deficiencia de esta vitamina retarda el proceso de coagulación diariamente porque el cuerpo la almacena. Existen evidencias que favorece al corazón ya que contribuye a reducir la calcificación de las arterias.

La vitamina K1 se encuentra en ciertos vegetales como la espinaca, coliflor, brócoli, col de Bruselas, lechugas, apio y zanahoria.

La K2 es de origen bacteriano por lo que se puede encontrar en productos de soya y lácteos fermentados, carnes y huevos.

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