Otro año que se pierde con la economía en el suelo

 Otro año que se pierde con la economía en el suelo

 

Como en aquella canción de Billo’s, “La Flor del Trabajo”, a Venezuela se le va todo el año y no ha hecho nada. Y lo que es peor, el previsible resultado será peor al del año pasado, cuando ya la economía se había hundido en el foso más profundo desde la época de las montoneras de la Guerra Federal.

 

La tensión política, las manifestaciones diarias contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, las expectativas negativas y la incertidumbre sobre los cambios en ciernes serán la guinda de la torta para que en todo 2017 el país produzca aún menos riqueza mientras crecen sus necesidades.

 

En economía, se suelen monitorear los llamados “indicadores anticipados” para tener una idea de por dónde van los tiros y qué se puede esperar del Producto Interno Bruto (PIB), que no es más que la cantidad de riqueza que se genera en forma de bienes y servicios en un año determinado.

 

El clima general de protestas, manifestaciones y descontento que se vive en las principales ciudades el país ayuda a empeorar las expectativas y la confianza de los consumidores.

 

Ya en los últimos tres años la economía se ha encogido en un tercio, lo que representa todo un récord mundial.

 

Y en ese clima no va a mejorar con la orden de Maduro de cambiar la Constitución Nacional de 1999 a través de su idea de una Asamblea Nacional Constituyente que están imponiendo a trocha y mocha.

 

Todo lo contrario, hay un enorme rechazo en el mundo político opositor y mayores dudas en el económico, pues nadie sabe bien en qué consiste ese Estado Comunal que impondrá el chavismo.

 

El país es una olla de presión que estalla por pulsaciones y las condiciones para el descontento crecen como la espuma de esas cervezas que uno tomaba antes.

 

La firma More Consulting señala que el apoyo a Maduro ha caído hasta 19,3% en mayo, contra 26% en marzo. El 24% de los venezolanos ven el régimen esto como una democracia y el 73% lo califican abiertamente como una dictadura.

 

Es difícil pensar en invertir sin saber por ejemplo cómo será el futuro sistema de propiedad privada –si la habrá- en Venezuela.

 

Parió la abuela

 

Los problemas van más allá, y tocan a nuestra única bombona de oxígeno: el petróleo, ese que aporta 97 de cada 100 dólares que ingresan al país.

 

Datos reportados por el gobierno  venezolano a la OPEP revelan que la producción nacional del crudo petróleo sigue palo abajo, como los precios.

 

Solamente en abril el declive de la producción fue de casi 2% y en los últimos 12 meses ha sido de 12% y en seis años 22,5%.

 

Es decir, aumentan las necesidades, crece la población y cada vez hay menos plata, pues los precios del barril siguen deprimidos como obrero el día de pago.

 

La tendencia de los precios del petróleo sigue triste: ni de lejos superará los 50 por barril con que sueñan los productores. De hecho, en lo que va de año el promedio para el barril venezolano se coloca en $44,21 lo que supone $9,0 más que los $35 que alcanzó en 2016.

 

Pero como producimos menos e importamos cada vez más gasolina y productos lo que no se va en lágrimas se va en suspiros.

 

Ya esta bajada de los ingresos es evidente si se explica que por ejemplo el gasto público ha caído 40% hasta abril en comparación con un año antes, según apunta el banco de Inversión Torino en un reciente informe para inversionistas pero que sirve para cualquier asalariado a quien el sueldo solo le alcanza para medio comer.

 

Y ya sabemos cómo el gobierno mal acostumbró a esta sociedad a depender del gasto público, ya sea para vender comida subsidiada o para incentivar inversiones con sobreprecio y obras nunca finalizadas.

 

El Estado, seco de divisas, es el principal importador de alimentos y productos básicos en Venezuela. Pero ya estas compras han venido desplomándose (75% entre 2012 y 2016) sin que el país tenga alternativas para abastecerse porque la producción interna está colapsada.

 

Sólo para poner un ejemplo la siderúrgica “Sidor socialista”, que producía desde la hojalata para el atún hasta las cabillas para agrandar la casita, y las láminas para fabricar las bombonas de gas, ahora produce menos de 310.000 toneladas anuales de aceros, diez veces menos que hace 20 años.

 

El mercado de trabajo termina encajando todos estos goles en contra y así vemos como en los últimos dos años se han perdido 1,257 millones de puestos de trabajo, según estudios de la experta Mariolga Girán, expuestos esta semana en un foro sobre perspectivas sociales del país.

 

Hoy hay 2,292 millones de personas desempleadas y 5,5 millones de informales, desde buhoneros, hasta técnicos y profesionales por cuenta propia que tratan de subsistir en un país donde las protestas son lo de menos, pues el drama es mucho, mucho más grande.

 

Malas notas 

 

En un país con la inflación más alta del mundo y en ascenso es muy difícil para las personas, las familias y las empresas trazar planes por ejemplo de turismo nacional en las próximas vacaciones escolares.

 

Aunque todavía no hay mediciones claras, algunos hoteles ya reportan baja y cancelaciones en reservaciones de habitaciones y salones.

 

Estados particularmente  atractivos para el turismo como Mérida, Táchira y Nueva Esparta, así como la propia Caracas, son escenario de protestas, con cierres de calles y de comercios.

Es difícil por ejemplo, aun teniendo la plata, pensar en llevar a la familia al teleférico de Mérida o a las playas de Margarita, pues ni siquiera es posible apostar qué va a ocurrir por allá de aquí a un mes.

 

La escasez de alimentos básicos complica la atención en posadas  y hoteles, mientras los comercios tienen poco que ofrecer a los viajeros.

 

El turismo nacional, esa industria sin chimeneas tan efectiva para reactivar la economía, genera muchos empleos en cadena: desde el agricultor que cultiva el tomate para los desayunos hasta los artesanos y transportistas,  encuentran oportunidades. Pero con esta rutina de carreteras trancadas, escasez, oscuridad y miedo está como complicado salir.

 

Mientras, la falta de dólares ha convertido en un sueño el pensar en ir a conocer los nietos nacidos en el extranjero o irse a trabajar con los primos que ya se fueron.

 

En el primer trimestre del año las ventas de pasajes aéreos al exterior cayeron 63% respecto a un año antes, según datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

En vuelos internos el derrumbe es de 45,3% según Ceveta, la Cámara Venezolana de Transporte Aéreo.

 

La propia agricultura sufre sus males, ya esta semana Fedeagro, el gremio nacional de productores del campo, declaró una emergencia al denunciar el atraso en las siembras de esta temporada por escasez de semillas, fertilizantes y agroquímicos.

 

El problema no se limita a los cierres de vías que impiden a losa colonieros o a los gochos llevar directamente su producción a las grandes ciudades, el asunto es que está cada vez más difícil invertir y trabajar.

 

“El año agrícola está virtualmente perdido. Declaramos, como ya la FAO (Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación) lo admitió, la emergencia agroalimentaria y solicitamos se active un canal de ayuda humanitaria en la provisión de insumos para todos los agricultores del país que haga viable la recuperación de la producción nacional y contribuya a mejorar el abastecimiento de alimentos de la población”, dijo Fedeagro en un comunicado.

 Economia

 

Omar Lugo

Elestimulo.com

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