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sábado 1, octubre 2022

VIVE LA NOTICIA A TRAVÉS DEL DIARIO LÍDER DEL ESTADO ARAGUA Y LA REGIÓN CENTRAL DEL PAÍS

FELIPE Y LA ESPADA

|| Ramón Guillermo Aveledo

Se ha comentado que Felipe V, no se pusiera de pié al pasar la espada de Bolívar ante a la tarima ubicada al frente del Capitolio bogotano en la toma de posesión del Presidente Petro. Comentario en España, fundamentalmente desde Unidas Podemos, formación política radicalmente antimonárquica y en las redes, con alegatos básicamente prejuiciosos, en contra y a favor de la actitud del rey que sinceramente, no me pareció intencionada. Nadie pareció notar que el Presidente argentino Alberto Fernández también permaneció sentado y no creo que sea en revancha por aquella entrevista de Guayaquil entre los libertadores Bolívar y San Martín.

¿Argumentos prejuiciosos? Sí, porque segregan sentimientos anti monárquicos, anti españoles, o monárquicos y nostálgicos del viejo imperio y por lo mismo antibolivarianos, cuando no de antipatía a quienes contemporáneamente se apropian (como de otros bienes) de la figura del Libertador para sus fines, o incluso contrarios a lo que representa el nuevo mandatario colombiano.

Sin juzgar la intención de éste o el significado que pasear el objeto histórico pueda tener, lo que es cierto y sabido es que su arribo al recinto no figuraba en el protocolo, que no había una exigencia ceremonial específica. Así que Felipe V ni Fernández fueron irrespetuosos.

Entre Venezuela y España, esas cuentas pendientes quedaron saldadas desde el Tratado de reconocimiento, paz y amistad de 1845 negociado por Alejo Fortique, intercambiados los documentos de ratificación al año siguiente en la exitosa misión de Fermín Toro. Para hacer la historia corta, recordaré que en 1983, Juan Carlos I, padre del actual monarca, vino a Caracas a los actos del Bicentenario del Libertador a quien rindió honores y por cierto le fue otorgado, junto a Nelson Mandela, entonces aún preso en Sudáfrica, el Premio Simón Bolívar que la UNESCO creó a proposición y con recursos de Venezuela, por su aporte a la transición española a la democracia, una hazaña histórica de ese pueblo que aquí admiramos.

Venezolano republicano, no puedo ignorar que Felipe V es un rey joven y moderno que ha demostrado valores éticos relevantes. Comprometido con los derechos humanos como esencia de la democracia y con el Estado de Derecho como orden que garantiza la libertad. Su sobriedad, su palabra justa y oportuna, merecen mi admiración. Y es que las monarquías constitucionales son más respetuosas de los derechos de las personas que más de una república.

 

 

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