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martes 31, enero 2023

VIVE LA NOTICIA A TRAVÉS DEL DIARIO LÍDER DEL ESTADO ARAGUA Y LA REGIÓN CENTRAL DEL PAÍS

NOSOTROS, EL PUEBLO

|| Ramón Guillermo Aveledo

We, the people comienza el preámbulo de la constitución norteamericana, es decir “Nosotros, el pueblo”. Once años antes, en texto que debe leerse en conjunto para comprenderlos en su profundidad y proyección, la Declaración de Independencia de 1776 sostiene que son verdades evidentes que los hombres son creados iguales y dotados por Dios de derechos inalienables entre los que destacan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Cálmense el prejuicioso y el apurado. Cualquiera que sea nuestro juicio sobre la historia o el sistema político de los Estados Unidos, su funcionamiento y las críticas que pueden hacérsele y que quien escribe ha hecho, me interesa resaltar dos puntos. En democracia el pueblo decide, no sólo quien gobierna sino cómo pues la organización del poder, sus competencias definidas, están en la constitución que el pueblo se da. También que ese poder no es ilimitado ni absoluto, pues tiene un sentido esencial que está en la igualdad de las personas y que los derechos humanos son naturales e inalienables. No pueden ser conculcados y ni siquiera renunciados.

El pueblo, en esa noción democrática, por cierto recordemos que demos es pueblo en griego, no es masa ni implica colectivismo, precisamente porque está unida de modo indisoluble a conceptos que le son previos como la igualdad en la dignidad, expresada en derechos humanos como aquellos a vivir, ser libre y buscar la felicidad, estos dos directamente relacionados con la responsabilidad personal de cada uno. Responsabilidad personal que es individual, lo que no implica individualismo.

Alérgico a los populismos, no les regalo la idea de pueblo de la cual abusan con el recurso vil de la demagogia, aquella antigua deformación viciosa de la república que ya Aristóteles denunciaba trescientos años antes de Cristo. Un pueblo no es materia informe ni manada ni coro para consignas emitidas desde el poder manipulador al estilo del clásico Gran Hermano de Orwell. Un pueblo es una comunidad de personas que comparten una historia y un destino.

Tampoco hay contradicción entre ser ciudadano y ser parte de un pueblo. La ciudadanía es conciencia de derechos y deberes cuya fuerza eficaz radica en nuestra condición de pueblo, titular de la soberanía. Así, puedo afirmar que soy uno más del pueblo venezolano que en el decir de Bolívar, ejerce el oficio de simple ciudadano. Porque la ciudadanía es participación,  nunca mera pasividad que espera la seña.

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