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miércoles 30, noviembre 2022

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Las cinco claves para entender cómo el Covid-19 altera el olfato

La pérdida brusca del olfato -que se conoce como anosmia- es uno de los síntomas que distinguen al COVID-19 desde el inicio de la pandemia. Hay pacientes que adquieren la infección por el coronavirus y sufren la pérdida del olfato aun sin sentir congestión de la nariz. Antes de la pandemia se sabía que otros virus -como el de la gripe- podían alterar el olfato pero hay científicos que se han puesto a desentrañar cómo lo impacta el coronavirus específicamente.

La disfunción del olfato es común y a menudo el primer síntoma de una infección por COVID-19. Por lo tanto, cuando la persona tiene ese síntoma debe sospechar de la posibilidad de tener la infección y hacerse el test. La mayoría de las veces el gusto también se ve afectado, ya que el olfato y el gusto trabajan juntos para crear el sabor.

Aquí van las 5 claves a partir de los hallazgos que han realizado investigadores científicos:

1- El coronavirus no puede entrar en células olfatorias

Los científicos estudian los mecanismos biológicos que llevan a la alteración del olfato. Se sabía que las neuronas que detectan los olores no tienen los receptores que el coronavirus utiliza para entrar en las células. Por lo cual, se generó un debate sobre si igualmente ese tipo de neuronas podían infectarse.

Un nuevo estudio aportó novedades. Fue realizado en el Instituto Zuckerman y el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia en Nueva York; la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York; la Facultad de Medicina Icahn del Monte Sinaí en Nueva York; Baylor Genetics en Houston; y la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Davis. Se publicó en la revista especializada Cell.

Demostraron que el coronavirus no puede infectar a las células nerviosas que detectan los olores. sí ataca a otras células de soporte que recubren la cavidad nasal. Las células infectadas desprenden el virus y mueren, mientras que las células inmunitarias inundan la región para combatir el virus.

2- La infección dispara una inflamación que sí afecta a las células olfatorias

Si bien el coronavirus no ingresa en las células que detectan los olores, la infección tiene su impacto posterior. Puede gatillar un mecanismo de inflamación que causa estragos en los receptores del olfato. Esos receptores son unas proteínas situadas en la superficie de las células nerviosas de la nariz que detectan y transmiten información sobre los olores.

El proceso altera la sofisticada organización de los genes en esas neuronas. “Está claro que, indirectamente, si se afectan las células de soporte de la nariz, suceden muchas cosas malas. La inflamación en las células adyacentes desencadena cambios en las neuronas sensoriales que impiden su correcto funcionamiento”, explicó el doctor Sandeep Robert Datta, profesor de neurobiología de la Escuela Médica de Harvard, quien no participó en el estudio.

Además del olfato, ya también se ha encontrado que muchas complicaciones del COVID-19 parecen estar causadas por la reacción del mismo sistema inmune del paciente, que responde a la infección inundando el torrente sanguíneo con unas proteínas que pueden dañar los tejidos y los órganos. El proceso se conoce como “tormenta de citoquinas”.

3- La pérdida del olfato puede variar en su duración

El equipo de científicos de los Estados Unidos que hizo el estudio se basó en un modelo de experimentación con hámsters dorados y con muestras de tejido humano de 23 pacientes que fallecieron por el COVID-19. Después de infectar a los hámsters con el coronavirus, los científicos siguieron los daños en su sistema olfativo a lo largo del tiempo. Para estudiar el impacto, no se les da de comer durante varias horas y luego se entierra el alimento. Los hámsters que no tenían alterado el olfato podían encontrar el cereal en segundos.

A través del experimento, los investigadores averiguaron que el virus no invadió las neuronas. Sólo entró en las células que desempeñan funciones de apoyo en el sistema olfativo, pero afectó indirectamente a las neuronas cercanas y esto provocó la pérdida de olfato. De acuerdo con Marianna Zazhytska, becaria postdoctoral en el Instituto Zuckerman y una de las primeras autoras del artículo, junto con una estudiante de posgrado, Albana Kodra, “no es el virus en sí mismo el que provoca toda esta reorganización, sino la respuesta inflamatoria sistémica. Las células nerviosas no albergan el virus, pero no hacen lo que hacían antes”.

4- Se puede volver a tener un buen olfato

La capacidad de los receptores olfativos para enviar y recibir mensajes se ve alterada en algunos pacientes por el coronavirus. Pero las neuronas relacionadas con el olfato no mueren. Por lo cual, el sistema puede recuperarse una vez resuelta la enfermedad.

Hay una señal liberada por las células infectadas que es recibida por las neuronas que normalmente detectan los olores, y les dice que se reorganicen y detengan la expresión de los genes de los receptores olfativos. Los investigadores tienen la hipótesis de que habría una adaptación evolutiva que ofrece una forma de resistencia antiviral.

Su propósito principal puede ser evitar que el virus entre en el cerebro, aunque en algunas personas se ha encontrado que finalmente ocurre y se está investigando el impacto como parte del síndrome de COVID-19 de larga duración, que se desarrolla cuatro meses después de tener la infección.

5- La alteración del olfato puede afectar la salud mental

Hubo y hay diferentes estudios en marcha sobre el impacto del COVID-19 en la salud mental de la población, tanto en los afectados como en los que no han adquirido aún la infección.

En un estudio con ratones anterior a la pandemia, los investigadores habían eliminado el sentido del olfato de los animales. Esto aumentó el comportamiento depresivo y disminuyó el comportamiento ansioso. También otro estudio en el que participaron adultos mayores de Corea había encontrado que los individuos “con una función olfativa gravemente deteriorada mostraban un grado de depresión significativamente mayor”.

Durante la pandemia, el equipo del doctor Ahmad R. Sedaghat realizó otro trabajo en los Estados Unidos. Los científicos se propusieron cuantificar la asociación del estado de ánimo deprimido y la ansiedad con la COVID-19. También querían identificar cualquier factor que tuviera relación con estos cambios en el estado de ánimo. Sus hallazgos se publicaron en la revista The Laryngoscope.

Pero los investigadores aclararon que el hecho de que la pérdida del olfato parezca influir en el estado de ánimo significa que, a partir del estudio actual, es imposible determinar que cualquier cambio en el estado de ánimo se deba a la influencia del coronavirus en el cerebro. “Descubrimos que el estado de ánimo deprimido y la ansiedad se asociaban positivamente con los síntomas de COVID-19 de disminución del sentido del olfato y del gusto”, explicaron los autores. “En cambio, y sorprendentemente, el estado de ánimo deprimido y la ansiedad no se asociaban con más síntomas de COVID-19, como fiebre, tos o dificultad para respirar, que pueden ser precursores de resultados más graves de COVID-19?.

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