Escuchar

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“Un presidente, 64 intelectuales y 8 horas de debate” titula y resume El País de Madrid el encuentro con el cual el jefe del Estado francés Emmanuel Macron culminó la reflexión colectiva sobre el futuro de su país, tarea que desde mediados de enero, en un gran debate nacional, ha ameritado 10.000 reuniones en todo el territorio de la República.

El presidente convocó filósofos, historiadores, sociólogos, politólogos, economistas, científicos, intelectuales de las más diversas especialidades y maneras de pensar para que se expresaran libremente en su presencia, para que lo ayudaran a comprender la crisis de la nación. Un cuadro social muy complejo, en ciertos aspectos desconcertantes, en un Estado donde, con las imperfecciones naturales, se cumple la ley, se respeta el derecho, funcionan los servicios esenciales, el trabajo es remunerado y aunque las personas aspiran a más, como es su derecho y lo ejercen libremente, la inflación no devora el producto de su esfuerzo.

Escuchar a hombres y mujeres que piensan, que estudian, que son críticos, fue el ejercicio realizado por el mandatario francés en el Palacio del Eliseo. Escuchar no hacerse escuchar, porque no se trató de uno de esos episodios de egolatría del poder, en los cuales el gobernante llama para oír su propia voz y ser oído. No fue para hacer una cadena ni para tomarse unas fotos, para repetir las fastidiosas consignas de la versión oficial.

Cuando leí la noticia no pude evitar pensar en nosotros, en esta Venezuela que nos duele en el alma, esta patria de nuestras angustias y nuestras esperanzas. ¿Desde cuándo no se reúne el gobernante de aquí con las universidades? ¿Ha llamado alguna vez a las academias? ¿Por qué no se atreve a un diálogo sincero, abierto, honesto con las diversas expresiones del pensamiento y el conocimiento nacional?

Para poner un ejemplo pedestre ¿No es lógico pensar que pudimos ahorrarnos el episodio del apagón, que puede repetirse, si se hubiera escuchado a tiempo a los ingenieros capaces, expertos venezolanos internacionalmente reconocidos que tienen años advirtiéndolo?, y así, sobre el funcionamiento de la economía, la desigualdad y sus causas, el Estado de Derecho, la administración pública, la educación.

La de Macron, cuyos problemas no son pequeños, es una lección, para el poder decadente ya en prolongada, interminable, agonía, y también para la esperanza que asoma en rostros frescos de la mano de la Constitución.

 

|| Ramón Guillermo Aveledo

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