El suicidio de la democracia

El suicidio de la democracia

Un video costó el cargo al vicecanciller de Austria, miembro del ultraderechista Partido de la Libertad (FPO). En él se muestra a Heinz-Christian Strache solicitando financiamiento para su partido a la representante de un oligarca ruso a cambio de contratos gubernamentales.

Esta semana se conoció la detención en Madrid del hijo del ex embajador de España en Venezuela, Raúl Morodo. Se acusa a ambos de recibir 4 millones de euros de Pdvsa. Esto explica el desempeño sesgado de las labores diplomáticas del padre. 

Como hemos dicho, el binomio corrupción política y económica constituye la llave que abre la puerta a la mayoría de las violaciones de derechos humanos y de las actividades criminales que azota a los países.

Un claro ejemplo es el caso Odebrecht (Lava Jato) y el impacto que ha tenido en la estabilidad democrática de nuestra región. 

Han pasado cinco años desde que comenzó la investigación del calificado como el mayor episodio de corrupción de la historia de Latinoamérica. En Brasil, la trama llevó a la cárcel al ex presidente Lula Da Silva; en Perú hay varios ex presidentes encarcelados o huyendo. El suicidio de Alan García sin duda elevó el caso a otro dramático nivel.

Venezuela se mencionó desde el comienzo. Sin embargo, como es su costumbre ante este tipo de señalamientos, el régimen mantuvo un silencio sepulcral a pesar de las graves acusaciones del propio ex gerente de la transnacional brasileña en Caracas, Euzenando Azevedo, quien reconoció que Odebrecht dio 35 millones de dólares a Nicolás Maduro a través de su jefe de campaña, Américo Alex Mata García. 

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el exilio condenó a Nicolás Maduro a 18 años y 3 meses de prisión por el caso Odebrecht, luego de la denuncia presentada por la Fiscal General de Venezuela, Luisa Ortega Díaz. 

Caiga quien caiga, hay que castigar de manera ejemplar a los responsables y sus cómplices necesarios por el gran daño que ha sufrido el patrimonio público. 

En Venezuela es fundamental aprobar una Ley de financiamiento de partidos y campañas electorales que asegure que los recursos para financiar la democracia no estén contaminados por la corrupción política. 

 

Es imperativo inmunizar a la democracia frente al virus del financiamiento ilícito que contamina la acción política con las actividades criminales. Si no es capaz de crear defensas contra el dinero tóxico de la delincuencia organizada, la democracia se estaría suicidando.

Carlos Tablante

@TablanteOficial

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