PARA TODOS

PARA TODOS

 “Es hermosa y múltiple la tarea que tenemos por delante: restablecer un clima de respeto y de confianza en la convivencia entre los chilenos, cualesquiera que sean sus creencias, ideas, actividades o condición social, sean civiles o militares…”   En marzo de 1989, el orador asumía como primer Presidente  democrático de Chile. Una rechifla lo interrumpió cuando mencionó a los integrantes de las Fuerzas Armadas, explicable reacción luego de dos décadas durísimas. Entonces alzó la voz y sin vacilar Patricio Aylwin: “Sí señores, sí, compatriotas: civiles o militares, ¡Chile es uno solo! ¡Las culpas de personas no pueden comprometer a todos!¡Tenemos que ser capaces de reconstruir la unidad de la familia chilena!”

Don Patricio, como todos lo recuerdan con afecto y respeto, tenía clarísimo el sentido de su deber. Su hija Mariana, quien fuera diputada y ministra de Educación de Lagos, me regaló con generosa amistad el libro del difunto mandatario El reencuentro de los demócratas, acerca de la transición de la dictadura a la democracia, el cual leo con ávido interés en estas difíciles horas venezolanas. Gobernar es servir y la política, sirve a todos o no sirve. Ya lo advertía León XIII en 1891: “…entre los deberes, ni pocos ni leves, de los gobernantes que velan por el bien del pueblo, se destaca entre los primeros defender por igual a todas las clases sociales…”

Dijo mucho la propaganda que “Venezuela es de todos”. Los actos del poder desmintieron esa verdad necesaria.

Una sociedad naturalmente plural, necesitada de soluciones a su crisis ancha, profunda y ya demasiado larga, requiere de ser gobernada sin divisiones artificiales, sin exclusiones, sin discriminaciones. Sería insensato repetir errores, sean éstos viejos o viejísimos, nuevos o novísimos. Pero de todos, el peor error es gobernar solo para una parte, aunque sea la más grande. Si un Presidente o un gobierno no reconocen que su deber es para con todas las personas, no pueden exigir ser reconocidos como tales por todos. Porque a todos se nos debe respeto en nuestra dignidad de personas y en nuestra condición de ciudadanos de una República.

En tenerlo muy presente y siempre cuidar de recordarlo en sus palabras y acciones hace bien Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional dispuesto a asumir a plenitud su responsabilidad constitucional. Y nosotros, ciudadanos, en apoyarlo a estar a la altura de lo que manda la Constitución. Ni un milímetro menos, ni un milímetro más.

Ramón Guillermo Aveledo

Deja un comentario