Abuelas venezolanas anhelan el regreso de sus nietos

Abuelas venezolanas anhelan el regreso de sus nietos

Gabriela Rojas

Un popular dicho dice que “las madres están para criar, y las abuelas para malcriar”. Y es que para muchas mujeres convertirse en abuela es renovar el amor hacia los hijos. “El afecto que se siente es más libre y por lo tanto se disfruta mucho más”, dijo una abuelita mientras disfrutaba viendo a su nieto jugar en un parque de Maracay.

La diáspora que se vive en Venezuela ha llevado a millones de nietos fuera del alcance de las abuelas, un vacío que la tecnología a veces busca llenar a través de abrazos en la distancia, pero que en otras ocasiones pega tanto que se convierte en nostalgia.

A Dignoris Colmenares, le tocó ver partir a sus hijos y nietos desde hace algún tiempo. “Son muchos los sentimientos encontrados, pero a la vez me siento feliz porque ellos están bien, tienen seguridad, alimento y un trabajo estable”. Resaltó que no ha perdido la fe ante un cambio en el país “que nos permita retomar la normalidad”.

Una historia similar vive América de Mora, quien tiene una hija y dos nietos en el exterior desde hace más de siete años.
“A pesar de tener a mis otros hijos aquí con algunos de mis nietos, las cosas no son iguales cuando te falta alguien tan importante, porque la idea es que todas las familias estén unidas para ver y celebrar los logros de tus hijos y nietos, y no precisamente a través de un teléfono”. Esta abuelita confesó que Venezuela, sus nietos e hijos están en sus oraciones diarias.


LAS SILLAS VACÍAS


La Navidad es una de las festividades más alegres de los venezolanos, por tradición se viven días de reencuentro familiar. Si n embargo, el anhelo de buscar una mejor calidad de vida en tierras extranjeras ha dejado varias sillas vacías en las mesas de los hogares criollos.


Sara Erazo, comentó que tiene tres hijos en el exterior, cada uno en un país distinto, mientras que aquí en Venezuela, solo tiene uno junto a su esposa y dos nietas.
“Las navidades no son iguales, es difícil aceptar la idea que no están en estas fechas. Siempre hablamos por video llamadas y diariamente me escriben o me llaman, pero eso nunca se podrá comparar con tener a todos tus hijos juntos sentados en la mesa”.


El bullicio de los nietos mientras juegan o cuentan entre su inocencia qué le pedirán al Niños Jesús, mientras se preparan las hallacas, el pan de jamón o el sancocho familiar, es parte de lo que extrañan estas y tantas otras abuelas que hoy elevan oraciones para que vengan días mejores y puedan reencontrarse con sus seres amados.
En tanto, cada 24 y 31 de diciembre sigue sonando la radio con el tradicional y ya nostálgico tema “Faltan cinco pa` las 12, me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”, con la esperanza intacta en que “la alegría del año nuevo viene ya”.

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