El silencio reina en los cañaverales a un mes de la tragedia

El silencio reina en los cañaverales a un mes de la tragedia

|| Saraí Dávila
|| Fotos Saraí Dávila / Archivo

Los familiares de los 11 pequeños que fallecieron no tienen consuelo ante el terrible hecho que los marcó por el resto de sus vidas

“Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte, la vida es puro ruido entre dos insondables silencios”, escribió una vez Isabel Allende. Hoy a un mes de la tragedia en los cañaverales de Cagua, todo lo que queda es un silencio terrible y doloroso. Para quienes perdieron a sus hijos, a sus familiares, no queda más que la inconsolable realidad de que sus niños no volverán más.

“A veces me los imagino ahí, jugando, ensuciando los trapos, ya sabes, siendo jóvenes”, recordó Nidia Reyes, abuela de cinco de los muchachos que abandonaron prematuramente este mundo, un fatídico jueves 23 de enero, mientras se entretenían en los terrenos de la central azucarera El Palmar, en el municipio Sucre del estado Aragua.

Como le pasa al resto de los familiares, ella no puede concebir un mundo en el que no estén los 11 jóvenes, su dolor es tal que no ha podido visitar la tumba de sus nietos desde que ocurrió el terrible hecho. “No quiero volver a entrar, ya ahí tenía a mis dos hijos, es muy duro, todavía recuerdo la fila de urnas, es muy difícil”, comentó con lágrimas en los ojos, como aletargada.

Los niños ya no juegan más en los terrenos, “tienen miedo”, dicen los vecinos, además de que la vigilancia por parte de ellos se ha intensificado, pero no por parte de autoridades o el dueño de la empresa, mucha caña de azúcar se perdió, pues ni siquiera la buscaron luego de la quema.

 

EL DOLOR DE UNA MADRE

Los problemas de salud de Delcy Maican se agravaron luego de la pérdida de su hijo de tan solo 13 años. Una lesión en la cadera le impide caminar bien, sus piernas se hinchan y ahora, más flaca, el doctor le informó que podría estar cayendo en un grave cuadro de depresión.

“Es mi hijo, lo recuerdo cuando sirvo la comida, cuando veo a otros niños en la escuela, cuando veo su ropa. Mi madre dice que no debo pensarlo tanto, pero ¿cómo no hacerlo?”, expresó con la mirada perdida.

Aún con la enfermedad que le afecta el andar, Maican quiso mostrar el lugar en donde pereció su hijo -al que tiene acceso a través de una puerta en la parte de atrás de su casa- sitio que no había visitado desde la tragedia. “Ya no vengo más porque aquí fue la última vez que vi a mi hijo. Le dije que me ayudara a hacer unas cosas, pero estaba emocionado, dejó los zapatos y se fue”, contó sin imaginar que ya no habría otra oportunidad para despedirse.

 

“LA CAÑA NOS AYUDÓ”

Maican aseguró que su hijo se la pasaba en el terreno cortando caña de azúcar, no para vender, sino por necesidad. “En muchos casos, la caña nos ayudó a pasar el día, a veces no teníamos que comer y como es dulce la chupábamos para no sentirnos mal”.

 

Bajo-las-fotos-de-su-hijo-se-lamenta-por-la-pérdida-de-su-hijoBajo las fotos, Delcy Maican se lamenta por la pérdida de su hijo

 

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