Responsabilidad compartida

Responsabilidad compartida

|| Ramón Guillermo Aveledo

Somos corresponsables de nuestro país. Cada uno aporta al bien común según sus competencias, si es del sector público o en ejercicio de su libertad, si es ciudadano particular. Toda imposición, además de arbitraria es inútil, como es irrebatible en la historia de la humanidad.

Buena muestra de corresponsabilidad  es el artículo 326 de nuestra Constitución, que fundamenta la seguridad de Nación “en la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil”, para cumplir con “los principios de independencia, democracia, igualdad, paz, libertad, justicia, solidaridad, promoción y conservación ambiental y afirmación de los derechos humanos, así como en la satisfacción progresiva de las necesidades individuales y colectivas” con base en “un desarrollo sustentable y productivo de plena cobertura para la comunidad nacional”. No es cualquier cosa. Visión integral de la que como de tantas otras de la Carta, apreciamos sólo parte, máxime desde el poder.

Aunque su papel en ella es clave, la seguridad nacional no es tema sólo militar. Es del Estado al que sirve la institución armada. De todo él, con su poder distribuido y dividido territorial y funcionalmente según el 136 CRBV, en responsabilidad compartida con la sociedad civil, que es independiente de lo público, amplia y diversa. Difícilmente encuadrable y por lo tanto la conexión con ella amerita sentido de colaboración y participación.

Esa responsabilidad compartida  ha de ejercerse en el marco de los “valores superiores” de la misma Constitución (Art.2), “La vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. Y como no podía ser de otro modo, el artículo 3 incluye en los fines esenciales del Estado venezolano “la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo…” la cual hemos visto considerada en la noción de seguridad nacional del 326.

Se entiende que Venezuela será segura si sus hombres y mujeres tienen prosperidad y bienestar. Comprender esas verdades, exigencia de sentido común tanto como de los nobles principios que inspiran y comprometen nuestro “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”, puede ser el secreto para atinar con salidas a esta crisis larga, ancha y profunda que Venezuela, nuestra patria, padece, con el consiguiente sufrimiento para millones de venezolanos y venezolanas.

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