Reyes y princesas que han renunciado al trono por amor

Reyes y princesas que han renunciado al trono por amor

La princesa Mako, la nieta mayor de los emperadores de Japón, va a renunciar a sus derechos dinásticos al Trono del Crisantemo, para poder casarse con un plebeyo. Su prometido se llama Kei Komuro, y es un joven abogado al que conoció en 2012 en La Chrstian University de Tokio. La familia imperial ya ha dado el visto bueno a esta unión. La pérdida de los derechos dinásticos y de sus funciones como representante oficial de la nación, se hará efectiva en el mismo momento en que Mako y Kei sean declarados marido y mujer.

Hay que recordar que no es la pirmera vez que sucede algo así, y que en la historia hay numerosos ejemplos de reyes, reinas y princesas que han renunciado al trono por amor.

Eduardo VIII de Inglaterra

Ha sido, sin duda, el soberano que ha tenido el reinado más corto de toda la historia de Inglaterra. Fue coronado rey en enero de 1936, en una ceremonia en la que ya rompió el protocolo establecido, al acudir acompañado de su amante, una mujer estadounidense llamada Wallis Simpson, que estaba casada con un hombre de negocios.

En diciembre de ese mismo año, Eduardo abdicó para poder casarse con su amada, en cuanto ella obtuviese el divorcio.

El príncipe Johan de Holanda

Era el segundo en la línea sucesoria para acceder al trono de su país. Pero, en 2002, renunció a sus derechos para poder casarse con su novia, Mabel Wisse Smith. El romance de la pareja en su momento levantó un cierto escándalo, ya que se decía de ella que había mantenido una relación sentimental con un conocido gangster. 

El príncipe Bertil de Suecia

Era uno de los hijos del primer matrimonio del rey Gustavo VI Adolfo de Suecia. En 1947, su hermano mayor y heredero directo al trono, falleció en un accidente. El segundo en la línea sucesoria era el príncipe Carlos Gustavo, hijo del segundo matrimonio del rey, pero que aún era muy pequeño para reinar.

Por eso, y dado que el soberano ya tenía una edad muy avanzada, se propuso que el príncipe Bertil ocupara la regencia del trono si el rey fallecía sin que su heredero fuera mayor de edad.

Pero ocupar el cargo de regente obligaba a Bertil a renunciar a su romance con una divorciada británica llamada Lillian May Davies. El príncipe no estaba dispuesto a ese sacrificio, prefiriendo rechazar el cargo. Pero ella le pidió que vivieran su relación en secreto hasta que el heredero fuera mayor de edad. Así lo hicieron y, en 1973, cuando Carlos Gustavo se convirtió en el nuevo rey, ellos anunciaron por fin su compromiso.

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