Sara Facio, la argentina que retrató al García Márquez más "temeroso"

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“Parecía un muchacho provinciano, muy humilde. Estaba bastante temeroso, contenido, casi no podía ni moverse", cuenta la fotógrafa Sara Facio al recordar cómo fue tomar las únicas imágenes que existen de Gabriel García Márquez en Buenos Aires, desde donde se lanzó a la fama Cien años de soledad.

La retratista argentina, de 85 años, revive en una entrevista con Efe en su estudio de la capital argentina cada detalle de la que fue la primera y última visita del escritor colombiano, en junio de 1967, cuando llegó acompañado de su mujer, Mercedes Barcha, pocos días después de que la Editorial Sudamericana publicara la primera edición de su novela culmen.

Ella y su inseparable socia y amiga Alicia D'Amico (1933-2001) trabajaban entonces en dicha empresa y tanto su entonces director, Fernando Vidal Buzzi, como el editor Francisco Purrúa estaban "entusiasmados" con el manuscrito de la obra que les había llegado. Tanto, que unos días antes de publicarla y de que aterrizara su autor, se la mostraron a ambas.

"Nos contaron conversando que venía el escritor, que nadie lo conocía, que tenía que firmar contratos, ver las pruebas... Y me dijo: '¿querés verla, la novela, que es muy buena?' (...). Yo me la llevé y me la leí toda en una noche porque me pareció realmente muy original, muy atractiva, llena de vida, un mundo completamente nuevo para nosotros los argentinos", revela Facio.

"Tenía esa magia que después entendió todo el mundo. Era realmente un mundo muy nuevo, muy rico, muy imaginativo, y además, muy bien escrito", agrega.

A su juicio, fue una auténtica "sorpresa" literaria que sirvió para "despertar" a los autores latinoamericanos y abrir sus trabajos al exterior.

Una vez publicada, salieron las primeras críticas de Cien años de soledad, "fabulosas todas", apunta, y ella misma, junto a D'Amico, realizó aquella única e irrepetible sesión de fotos, hoy en día históricas, en las que un García Márquez que todavía ni se imaginaba lo que estaba por venir pasea por esas calles de Buenos Aires a las que nunca más regresó.

Unos años después, Facio se reencontró con él en París, en la casa de su amigo en común: el escritor argentino Julio Cortázar, y le preguntó si tenía intención de viajar de nuevo a la ciudad que lo catapultó a la fama.

"No, tengo miedo. Me van a comer cuando vaya", le respondió el escritor, consciente de su gran popularidad en el país austral.

En aquella ocasión, la fotógrafa vio la otra cara del novelista, quien se mostró cálido y amistoso, "muchísimo más abierto y con más vida" que la primera vez. En un ambiente distendido, pudo inmortalizarlo mientras Cortázar y él jugaban a ponerse unas máscaras y bromeaban con ella.

El comienzo del éxito de Facio coincide con el del fallecido escritor colombiano, allá por los años 60, cuando inició un proyecto sobre los "mejores" escritores de América Latina junto a D'Amico, todos ellos grandes desconocidos para el resto del mundo en aquel momento.

"Muchas veces me preguntan qué premio es el que más me gusta y para mí el premio más grande es ver mis fotos publicadas hoy, tomadas hace 50, 40, 30 años", confiesa con una sonrisa.

Desde el principio, reivindicó el valor de la fotografía, que, señala, estaba totalmente "soslayada" en el mundo cultural y, sobre todo, en el periodismo, donde la consideraban un mero "complemento" y no creían que un reportero gráfico podía aportar "una mirada diferente, más sensitiva, más creativa".

En ese sentido, señala que lograr que tuviera valor la visión de un fotógrafo, como la de un escritor o un músico, "costó mucho" en Argentina y en la mayoría de países de Latinoamérica.

Además, asegura que, en su caso, tuvo que enfrentarse a "todos los obstáculos" por ser mujer. "O porque sos joven, o porque sos linda, o porque sos antipática, o porque sos demasiado simpática... siempre van a buscar algo para menoscabarte", denuncia antes de afirmar que, sin embargo, ella nunca le hizo caso a ninguna crítica y siguió adelante.

Lo único que lamenta Facio de su carrera es no haber podido entrar "mucho más joven" en la era digital, ya que piensa que las nuevas herramientas le hubieran permitido lograr la precisión que requerían sus trabajos a mayor velocidad.

En ese sentido, está convencida de que la tecnología no ha perjudicado la calidad de su profesión.

"El fotógrafo que ve, que sabe mirar, lo va a saber tanto con la digital, como con la holográfica, y aunque haga un daguerrotipo. Si es una persona con talento y con algo que decir, lo va a decir igual", sentencia.

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