Un primer semestre donde salimos raspados todos

Un primer semestre donde salimos raspados todos

Se ha ido la primera mitad del año dejando un rastro de maldad, con un saldo peor en la economía, la sociedad y la política. La buena noticia es que terminó ese primer semestre, ¡se fue! con una parálisis parcial del aparato productivo y un mayor debilitamiento del sistema comercial. La mala noticia es que todavía no hemos entrado al ojo del huracán.

En junio, el precio promedio del petróleo terminó en $40,83, lo que supone el nivel más bajo mensual en lo que va de año. Aun así, la cesta  venezolana promedia en este turbulento año $43,63, por encima de los $35,15 que alcanzó en promedio en 2017.

Con todo y eso, como ha sido recalcado otra veces, el petróleo no vendrá a salvarnos, se mantiene igual que en 2015, cuando promedió los $44,65 y comenzaron a agravarse los problemas de todos los venezolanos hasta dejarnos a todos feos para la foto.

Para el resto del año, las estimaciones de bancos internacionales e inversionistas prevén que los precios del petróleo sigan deprimidos, que se mantengan pues incluso por debajo de los niveles actuales. Esto significa que la cesta  venezolana podría cerrar en torno a $40 de aquí a seis meses.

Para la agencia Fitch, una de esas que miden el riesgo de invertir en un país o una empresa, la recuperación de la economía de Venezuela está limitada además por la baja producción del petróleo.

Pero a eso se suman las “pésimas condiciones para el financiamiento extranjero”, es decir, eso que el gobierno llama “un bloqueo financiero” y que en realidad es el alto interés que le cobran los mercados globales a nuestro país para soltarle cualquier préstamo.

 

El borracho empedernido

Ya lo hemos comentado, el gobierno de Venezuela está como ese jugador empedernido, que vive martillando a la familia y a  los amigos para mantener su ritmo de vida y de  juego. Como quiere parecer un tipo exitoso, (para poder convencer a sus prestamistas) anda pantallando por ahí, bebiendo whisky y con una pinta y haciéndose el que ayuda a la gente repartiendo plata que no tiene.

Pero en realidad el gobierno de Venezuela está quebrado financieramente a los ojos del mercado mundial, por eso le cobra las tasas de interés más altas del mundo para este tipo de negocio, que es la compra de  bonos emitidos  por las República o por Pdvsa.

En esta primera mitad del año ese riesgo país cerró en 2.457 puntos, medido por un banco de inversión llamado JP Morgan. Eso significa que si Venezuela quiere pedir plata mundo afuera le van a cobrar un interés mínimo de 24,5% anual, en dólares, una tasa demasiada alta para un país que anda buscando un real para completar un bolívar.

Los mercados también se fijan claro en cómo están los ahorros de tal país para prestarle o no plata y en cuales condiciones. Pues resulta que en junio las reservas internacionales en poder del Banco Central de Venezuela (que son las únicas que quedan) bajaron hasta $10.064 millones. Eso no alcanza ni para pagar la deuda que se vence este año.

 

Un puñado de dólares

Hablando de dólares, este primer semestre termina dejándonos una de las más atroces devaluaciones en la historia reciente: casi 99% se ha derrumbado el valor del bolívar en el llamado Dicom, ese otro cambio oficial que tiene de cabeza a los venezolanos.

Algunos pocos afortunados han conseguido comprar estos dólares, que valen un tercio menos que los del mercado paralelo, ese que determina los precios de casi todo en el país, tenga componente importado o no.

En el último mes, el Dicom pasó de Bs 710 a entre Bs 1.800 y 2.200 para la primera subasta, el 25 de mayo. Pero para la próxima semana ya irá por entre 2.310 y 2.970, lo que ya da por descontada otra devaluación, del 12,5%.

Todos los agentes económicos saben o presienten que los precios seguirán subiendo, por lo que es lógico que también lo haga el dólar, en cualquier  mercado.

Ahora bien, como esto ha sido tan brusco y violento, los aumentos de precios asociados a esas devaluaciones todavía no se han sentido a plenitud. Terminarán en los próximos meses siendo trasladados al consumidor, el que siempre paga los platos rotos.

De modo pues, que los más optimistas esperan una inflación cercana al 1.000% este año. Esto significa que las cosas aumentarán en promedio 10 veces.

Si le parece exagerado, busque por ahí esos recibitos de pagos de compras del supermercado que uno siempre deja en los bolsillos, o mal puestos por ahí, y descubra cuanto costaba cualquier cosa hace 12 meses y cuánto está  pagando ahora.

Eso usted los sabe bien, cuando se encuentra con que ni la plata que logra sacar de un telecajero después de largas colas y tiempo perdido no le alcanza ni para las compritas diarias. Mucha gente tiene que morir en manos de los comercios que te cobran comisiones de usura (hasta 18% en Aragua por darte un adelanto de efectivo).

Pues este primer semestre de hiperinflación también fue el de la introducción gradual del fulano cono monetario nuevo, que no son más que billetes con los mismos animalitos y próceres de antes, pero barajados de otra forma. Esta semana –anunció el BCBV- llegaron al país 37.500 millones de bolívares en billetes de Bs 500. Ya van 17 cargamentos en esos aviones de carga y ya la capacidad de compra de ese dinero está perdida.

Casi nada vale hoy 500 bolívares, a no ser dos tanques de gasolina, que como sabemos es lo único que se regala en Venezuela hoy.

La cantidad de riqueza  generada por el país en forma de bienes y servicios, lo que se conoce como el Producto Interno Bruto (PIB) también siguió a paso de  vencedores en el primer semestre. Todavía no hay cifras disponibles, pero para todo el año, agentes como Fitchs calculan un desplome de 5,5%.

Resulta que esa caída se suma a la de 18,6% sufrido en 2016. Ocurre que cuando se derrumba el PIB, pasa como cuando usted viene corriendo cerro abajo, aunque se detenga de repente, la llamada velocidad inercial hará que usted siga cuesta abajo en su rodada por un tiempito más, hasta llegar al barranco.

Pues en este primer semestre la velocidad inercial del desplome hace improbable una recuperación.

 

Viviremos más peligrosamente

Claro, tenemos que hablar de eso.  A eso se suma que este primer semestre incluso al menos tres meses continuos de protestas y manifestaciones callejeras, lo que comprende desde las marchas y concentraciones pacíficas hasta actos vandálicos, saqueos y destrucción de comercios, fábricas y propiedad pública.

En todos estos procesos sociales, suele ocurrir que cuando sobreviene el caos aparecen los vándalos, los malandros mejor armados que la policía, los radicales políticos, los que están tomados por la ira, a poner su parte. Eso explica por qué por ejemplo en Santa Rita, Maracay, se llevaron hasta los lavamanos de los baños en comercios saqueados.

El gran problema de convivencia política es que el propio Gobierno, a través del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia cercenó el derecho al voto de la vasta mayoría de los venezolanos y además expropió la expectativa de gobierno y democracia que se genera en el acto de sufragio.

Ahora responde con esta constituyente a trocha y mocha que será la que marque la pauta de la conflictividad en este segundo semestre que apenas comienza. Por eso decimos, usted hasta ahora lo que ha visto es una ronchita.

 

Omar Lugo
@omarlugo

 

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