El aumento salarial ya se fue en lágrimas y suspiros

El aumento salarial ya se fue en lágrimas y suspiros

A estas alturas del campeonato, ya usted se habrá dado cuenta de que el último aumento de salario decretado por el presidente Nicolás Maduro, ha sido más inútil que una bombona sin gas. La explicación es simple: los aumentos de salario por decreto, en medio de la inflación más alta del mundo, duran lo mismo que un suspiro porque los precios siguen su carrera indetenible, alentados por las propias costumbres de la política oficial.

El Gobierno es el propio culpable de esta desatada inflación, por eso los aumentos funcionan como el mentol que le pone el marido tipo borracho a una mujer maltratada. Después de la inaceptable salvajada de pegarle, quiere que le agradezcan por el tratamiento. Y después vuelve a pegarle.

La inflación acaba con los sueldos y salarios de empleados fijos y por cuenta propia. Por eso no importa cuántas veces aumenten los sueldos: si no se corrige la causa, no sirve de nada.

Con estos aumentos ocurre como si usted estuviera corriendo en una máquina de esas de gimnasios y de pruebas del corazón. Usted corre o camina y está en el mismo sitio. Si le suben la velocidad usted tiene que correr más rápido y sigue en el mismo sitio, le vuelven a subir y usted ya no logra aguantar el ritmo, se cansa y si se descuida se cae, colapsado. La máquina seguirá rodando y usted quedará ahí tirado en el piso.

La inflación es la velocidad creciente en esa banda y el salario es el corredor extenuado, colapsado.

 

CUENTAS DESCUADRADAS

Como sabemos, ya van tres aumentos del salario mínimo este año, que suman cerca de 250%. El más reciente en julio, en pleno esfuerzo por venderle al país una cuestionada Asamblea Nacional Constituyente. Así, el llamado salario integral pasó a Bs 250.531, de los cuales Bs 97.000 son salario básico y el resto tickets de alimentación. Las pensiones pasan a Bs 126.729.

Si se mide a la tasa oficial del dólar Dicom cuyo techo es de Bs 2.970, después de una pavorosa devaluación superior a 97% en dos meses, el salario mínimo integral en Venezuela equivale a $84 dólares mensuales, lo que lo convierte en uno de los más bajos de América.

Pero esa historia no termina ahí. Si usted lo mide al tipo de cambio del mercado paralelo, que está en torno a Bs 8.000 esta semana, el salario básico integral en Venezuela equivale a $31 por mes.

Para ambos casos hay que explicar que internacionalmente se considera que una persona está en la miseria cuando tiene un ingreso diario promedio menor a dos dólares.

Es verdad que la mayor parte de los venezolanos nunca ha visto un billete de dólar en toda su vida, ni siquiera a la hora de las campanadas de año nuevo. Pero el billete verde marca la referencia de los precios en Venezuela, porque en este país casi todo es importado o tiene altos componentes importados, desde las papas hasta las caraotas, las medicinas para los pollos, los alimentos concentrados de los cochinos, los bombillos, y por supuesto, las medicinas y los repuestos para los carros.

De modo que todos estamos obligatoriamente pendientes de lo que ocurre con el dólar.

El mercado paralelo no es autorizado oficialmente, pero igual vaya y pregúntele a algún funcionario público con dólares a que tasa él los vendería.

Para medir el impacto en la economía se saca un promedio que considera los dos tipos de cambio formales (el de Bs 10, que está tan actualizado como el precio de la gasolina, pasando por el paralelo, y el Dicom).

Ese cálculo lo hace la firma de estudio económicos Econométrica, consultora de empresas y gremios empresariales. Sus estudios ayudan a prever qué puede pasar en Venezuela sin tener que ir a leerse el tabaco o la borra del café.

Lo llama “dólar al consumidor” y no es más que la tasa que pagamos en promedio los venezolanos desconectados cuando hacemos unas compritas.

 

UNA VERDAD INCÓMODA

Los promedios no cuentan toda la verdad. Resulta que ese dólar al consumidor no se ha encarecido igual para todas las cosas que necesitamos. El que se aplica a alimentos y bebidas no alcohólicas se ha puesto 62,5% más caro en este 2017, según los cálculos de Ecoanalítica.

El golpe en el bolsillo no es igual para todo el mundo y depende de las necesidades de cada hogar. Pero en todo caso el dólar real está muy lejos de las tasas oficiales.

Por ejemplo, hasta mayo, antes del desate de esa nueva devaluación, el dólar promedio para alimentos era Bs 2.881; para bebidas alcohólicas Bs 5.198; para vestido y calzado Bs 4.728 y para equipamiento del hogar Bs 5.010.

Muchos economistas serios y responsables calculan que la inflación este año promediará 1.000%, es decir las cosas serán 10 veces más caras que en enero para cuando usted esté soñando con una hallaca.

También es previsible que el Gobierno vuelva a decretar un aumento del salario mínimo cerca de septiembre a octubre, en otro esfuerzo populista por pasarnos otra untada de mentol en el cachete morado.

Pero, considerando el salario mínimo que en realidad cuenta para las prestaciones hasta hoy, un trabajador asalariado que ganara el mínimo (según el gobierno la mitad de los trabajadores fijos ganan mínimo) sólo recibirá de utilidades Bs 200.000, que ni alcanzarán para las hojas de plátano.

Ya, como decíamos al comienzo, ese nuevo salario mínimo ha sido pulverizado y no le vamos a decir a usted cuánto cuestan las cosas, porque es fama que lo que gana un obrero en todo un día doblando el lomo alcanza para un mal desayuno de panadería.

Pero sí es bueno recordar, que los precios seguirán subiendo, junto con el dólar paralelo, y el salario mínimo y el enorme agujero fiscal que tiene el gobierno.

Ese saldo negativo actúa como esos enormes huecos en el cielo que aparecen en las películas de superhéroes: se traga todo con su fuerza de atracción.

El déficit fiscal simplemente es el saldo rojo del Gobierno, la diferencia negativa entre lo que el ingresa por petróleo, lo que nos exprime a través del Seniat y lo que gasta en su desenfrenado populismo irresponsable en aumentos salariales constantes, en importaciones de gasolina para regalar, en alimentos para mantener esquemas de corrupción y de subsidios.

Para cubrir ese agujero, el Gobierno emite dinero, vía electrónica o impreso. Mientras más gasta más imprime y más se endeuda, como un drogadicto que no logra dejar el vicio. Ese dinero provoca más inflación que extingue el salario y en general el poder adquisitivo de la moneda. Al final, todas las familias quedan con los huesos molidos, los moretones, con brazos y piernas enyesadas y con olor a mentol.

Nada de esto cambiará hasta que se haga algo y se ataquen las causas de esa inflación. Lo demás, incluso los aumentos salariales por decreto, serán sólo curitas sobre un pecho abierto.

 

SAL Y AGUA NUESTRO IDILIO SE VOLVIÓ

Hace un año ese dólar valía Bs 520 y pasó a Bs 2.687 en mayo, para seguir su escalada hasta hoy. Por eso se lleva en los cachos el poder adquisitivo de los venezolanos y su capacidad de pagarse las cuentas o de comer completo.

“El tipo de cambio del consumidor es el precio promedio que un venezolano está pagando por cada dólar que consume. A medida que este aumenta, el poder adquisitivo cae en términos de consumo y merma el bienestar de la población. El paralelo determina, en promedio, 42% de la ponderación total del tipo de cambio al consumidor”, resalta Econométrica.

Para cuando usted haga sus cálculos, considere que el tipo de cambio paralelo se ha depreciado 35,7% mes a mes.

Eso significa que cada mes el dólar negro vale sobre un tercio más caro y en un año ha aumentado 80%. Lo peor es que las razones que provocan este aumento del billete más ansiado por los venezolanos siguen firmes y rodilla en tierra, por lo que es previsible que seguirá subiendo.

Y el dólar sube porque hay un control de cambios que favorece la corrupción, los negocios turbios en torno al Gobierno; mantiene dos tipos de cambio oficiales con enormes diferencias entre uno y otro; hay escasez de divisas en términos honestos y hay una fuerte demanda de dólares alimentada por la incertidumbre política.

Junto con el dólar, suben los precios de todo lo que se puede comprar en Venezuela, en el mercado tradicional y en el mercado negro, o como decimos aquí, el bachaqueado.

Eso se explica porque ante la escasez de divisas oficiales, hay un desplazamiento del mercado hacia el dólar paralelo y esto destruye cada vez más la capacidad de compra del bolívar, o sea, de los ingresos de los asalariados.

 

 

Omar Lugo
@omarlugo

 

 

 

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