Breve explicación de por qué La plata no alcanza ni para comer

Breve explicación de por qué La plata no alcanza ni para comer

La economía está llena de frases inquietantes, como aquella de que “no hay almuerzo gratis”, para ilustrar que tarde o temprano alguien tiene que pagar la cuenta y los costos de una decisión que lleve alguna forma de dinero de por medio. 

Son pequeñas y grandes lecciones que explican el porqué de las cosas, y nos ayudan a comprender cómo, en un pestañeo histórico, Venezuela pasó de ser el sueño americano del sur a un caso de ayuda humanitaria que despierta incredulidad en los vecinos y en las naciones de Europa desde donde salieron para acá miles de hoy abuelos, hace varias décadas.

¿Cómo es posible que el bolívar, - hace décadas una de las monedas más sólidas del mundo- hoy valga menos que una arandela y los billetes de bancos sean un importante producto de importación en masa, pero su poder de compra es ínfimo?

El salario diario de una persona que gane el mínimo alcanza si acaso para un cachito y un café en una panadería. Una crema dental o un kilo de carne valen dos días de trabajo a salario integral (con cesta ticket y todo).

 

El colapso de la economía nacional se ha agravado en los últimos tres años y apenas ha quedado opacado por el estallido de las protestas sociales que han dominado lo que va de 2017. Este año ya está perdido tanto por la zozobra como por la falta de determinación y de decisiones entre quienes tiene la autoridad de manejar la economía.

Un pequeño glosario nos ilustra la gravedad del estado al que  hemos llegado:

El PIB, es el famoso Producto Interno Bruto, o suma total de riqueza que  genera un país en forma de bienes y servicios. Se mide su comportamiento cada año en relación al anterior, y también semestre contra semestre. Cuando este indicador de desempeño no crece durante al menos tres trimestres, se dice que  un país está en recesión, es decir que en vez de ir hacia adelante va para atrás. Economistas suelen llamar “decrecimiento” o “contracción” a este movimiento negativo, que en realidad explica un platanazo de la economía.

La de Venezuela se ha encogido en un tercio en los últimos tres años, según cálculos de economistas serios. El gobierno prefiere censurar sus números oficiales, porque son tan malos que se han vuelto impresentables.Pero el año pasado la caída fue de 18%, según unos números que tuvo que enviar el Banco Central al Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de apoyo financiero extranjero. En 2015 el derrumbe fue de 5,7%, según números oficiales.

Para este 2017 las proyecciones indicaban otra caída, de 10%. Pero esa apuesta era antes del estallido de protestas diarias que han sacudido a Venezuela y que tienen un impacto serio en todos los pisos de la economía.

Este es el peor desempeño histórico para un país del mundo en tiempos de paz. Y es un asunto serio, porque como la población aumenta cada año (en Venezuela a una tasa de 1,3%, similar a la del muy poblado México y por encima de Colombia, con 0,9% anual) hay cada vez más bocas que alimentar, más cuerpos que vestir, se necesitan más escuelas, viviendas, electricidad, carreteras y transporte.

Para que haya avances verdaderos en la generación de riqueza, un país tiene que crecer muy por encima de su población y de una manera sostenida. Además necesita políticas públicas serias y coherentes que hagan que esa riqueza sea distribuida de forma equitativa y sostenible entre las mayorías.

El caso es que para tener algo que distribuir, primero hay producirlo, y con este colapso de Venezuela la renta que se  genera es cada vez menos, mientras se acumulan necesidades crecientes insatisfechas.

Por eso, regresar a los buenos tiempos soñados de pleno empleo, familias que comían completo, consumidores confiados en que el futuro podría ser mejor y estudiantes convencidos de que cuando se graduaran en la universidad iban a tener mejores condiciones que sus padres, habrá que pasar tiempo y derramar mucha sangre sudor y lágrimas.

Inflación

Este es otro indicador fundamental que se ha vuelto una pesadilla para los venezolanos. Significa el alza constante y sostenida de los precios. Hay niveles tolerables, como la de Colombia, que sólo ha subido 3,4% en promedio en lo que va de 2017, y escándalos, como el de Venezuela.

Según economistas independientes, los precios en Venezuela están subiendo a una tasa de entre 800 y 1.000 por ciento este año. Esto significa que las cosas valdrán en promedio diez veces más en diciembre que en enero pasado. Claro, no todo sube con la misma magnitud y cada quien sabe dónde le cae su gotera, es decir, en qué gasta más y cómo suben esas cosas. Por ejemplo, los planes de Internet de la compañía Inter han  aumentado de un plumazo 1.000%.

Venezuela ya está en las grandes ligas de la historia mundial de la inflación: está en hiperinflación, por lo que es miembro de una estrecha lista de 52 países que han sufrido este espanto hoy erradicado en el mundo.

Para que un país esté en hiperinflación, los precios tienen que subir por encima de 50% mensual de manera sostenida, señala el economista Steve Hanke.

Reservas

Las reservas internacionales son la alcancía en moneda extranjera con la que cuenta un país. Sirven para respaldar el valor de su propia moneda; como ahorro, para financiar importaciones y para garantizar cumplimientos de pagos de deuda externa y otros compromisos.

Las de Venezuela han caído este mes por debajo de los $10.000 millones por primera vez en casi 20 años y están por debajo del nivel que tenía cuando llegó el poder un presidente llamado Hugo Chávez.

Lo doloroso de esa cifra pobretona es que se verifica después que en la última década Venezuela recibió cerca de un billón de dólares solamente en exportaciones petroleras (la cifra, que se escapa de la mente, equivale a un millón de millones de dólares y supera por cuatro el valor total de la deuda externa de hoy).

Este desplome del cochinito ocurre mientras las exportaciones petroleras siguen en picada, el precio del barril está estancado, hay con enormes pagos acumulados de deuda pública financiera del gobierno y de Pdvsa por vencer, deudas comerciales vencidas con proveedores internacionales, y una creciente necesidad de importar materias primas, equipos y maquinarias para resucitar la economía.

Es como en una familia, difícilmente usted podrá ahorrar algo si el sueldo no le alcanza ni para pagar las cuentas básicas. Así está el gobierno no puede engordar las reservas internacionales porque anda con una mano adelante y otra atrás, perseguido por los cobradores.

De modo que sin reservas sólidas ni nadie que le preste mundo afuera y exportaciones en caída libre se prolongará la escasez de dólares. Por eso se espera que el dólar seguirá en alza en el mediano plazo,  tanto en el mercado negro como en el Dicom este que negocia el gobierno.

Eso a su vez significa que seguirá firme la inflación, pues este país, como sabemos, depende mucho de bienes importados para funcionar, media gallina.

 

PD: y encima, la constituyente

El próximo domingo, según el empecinamiento oficial, el gobierno impondrá su Asamblea Constituyente duélale a quien le duela. Según todos los analistas independientes y pese a lo que dice la propaganda oficial, al país le espera más conflictos que a su vez dificultarán que la economía salga de la postración.

Según un estudio de Crisis Group, una organización internacional especializada en buscar soluciones negociadas a conflictos, la situación en Venezuela ha llegado a su propia “hora cero”, como escriben los choferes de las camioneticas en sus ventanas cada vez que quieren aumentar pasajes y amenazan con huelgas.

Como publicanos recientemente en El Estímulo, Crisis Group señala que “Venezuela se aproxima a un momento clave de su extendida crisis política: el gobierno se prepara para reemplazar la democracia con una completa dictadura mediante una Asamblea Constituyente de plenos poderes, a ser electa el 30 de julio bajo unas reglas que efectivamente excluye a la oposición. Cerca de 100 personas han muerto en  los últimos tres meses de protestas a lo largo del país, muchos de ellos abatidos por la policía, la Guardia Nacional o civiles armados”.

 “Hay un grave riesgo de violencia en una escala que no ha sido vista y una nueva ola de emigraciones es probablemente inminente”, dice sobre la salida masiva de venezolanos huyendo de la crisis económica, política y social, y de la violencia criminal.

“La aceleración en el colapso de los servicios de salud y otras vitales infraestructuras, aumentando el hambre y la escasez de productos básicos, junto con explosivas tasas de violencia criminal, suponen una evidente amenaza no solo para los venezolanos sino también para para sus países vecinos y para la comunidad internacional en  general”.

Ojalá todas estas profecías estén equivocadas, pero el mejor de los casos, los próximos meses estaremos todos extraviados mientras unos señores amigos del gobierno terminan de armar la piezas de su lego para imponerle al país una nueva constitución y un nuevo régimen socialista.

En ese patio de bolas, será muy difícil que la economía crezca, que los precios se den una frenada y que el dólar al menos detenga su fuga constante que perfora los bolsillos.

 

Omar Lugo

Deja un comentario