La Constituyente y el día del juicio final

La Constituyente y el día del juicio final

 

No hay escándalo que dure más de tres días. Por eso la tendencia es a que la gente asimile y se acostumbre a ciertas sorpresas que sacuden su vida cotidiana y la estructura de toda una nación, como Venezuela.

Contra viento y marea, tal como lo prometió, el gobierno lleva a cabo hoy domingo la elección de su Asamblea Nacional Constituyente con la cual se dispone a sacudir el Estado venezolano, profundizar sus ya fracasadas políticas económicas y sociales, aniquilar a la oposición y además perpetuar al presidente Nicolás Maduro en el poder.

Mañana lunes otra vez amanecerá, el universo seguirá moviéndose, la lluvia caerá otra vez, saldrá el sol para calentar a las iguanas en las ramas y el mundo no se acabará.

Pero sí es cierto que se iniciará un nuevo ciclo cuyos alcances todavía están por verse: el empeño terco de elegir esta constituyente y darle caída y mesa limpia a la Asamblea Nacional, a la Fiscalía y a todo lo que se mueva en las barricadas opositoras tendrá su costo, especialmente en la economía y en el bolsillo de la gente común.

A partir de este lunes el conflicto político en el que está sumergida Venezuela escalará a otro nivel. No hay que ser brujo para saber: así lo han manifestado ya las figuras del gobierno y de la oposición. El asunto es ahora intentar vislumbra los alcances de esta situación en la vida de la gente común.

Durante una campaña electoral que parecía más bien chistes del Chigüire Bipolar, los candidatos a constituyentistas prometieron el oro y el moro, de modo que esa futura constitución ha sido vendida como si fuera un cajón de sastres, un remedio de curiosos, un té de moringa o una navaja suiza: sirve para todo, tendrá la solución para todo y lo compondrá todo.

Igual, ya esa Constitución está redactada, nos dicen fuentes del chavismo, y esos invitados de galería solo servirán para hacer bulto en la fiesta que es controlada por las grandes que siempre salen en la televisión en las cadenas oficiales.

Pero ya sabemos que si no hay determinación política, eficiencia en el gobierno, honestidad, capacidad gerencial y sólidos principios, las constituciones y las leyes son letra muerta en manos de cualquier gobierno incapaz.

Por eso, aunque nos traigan la Constitución de Finlandia, de Noruega, o de Narnia, seguiremos siendo un pobre país tercermundista con huecos y basura en las calles oscuras; hospitales sin medicinas, políticos ladrones, familias enteras mendigando en las calles, milicos gorilas, educación para burros, salarios de hambre y economía bananera.

 

Ni que se vista de seda

Muchos chavistas y por su puesto antichavistas, coincidieron en la misma acera para oponerse a esta Constituyente que se considera ilegal por algunas razones concretas: no fue consultado el pueblo para que dijera si estaba de acuerdo o no con cambiar su constitución vigente desde 1999; la estructura de los circuitos electorales fue alterada de tal forma que es antidemocrática y no hay representación proporcional de la población en ese futuro cuerpo legislativo. De modo que Maracay, la quinta ciudad más poblada del país, tendrá la misma representación territorial que cualquier pueblo de potreros del llano adentro.

El 72,7% de los consultados por la firma Datanálisis en julio dijo estar en total desacuerdo con la Asamblea Constituyente, y el 51,7% dice que le dará más poderes a Maduro para mantenerse en el poder. El 66,6% está totalmente indispuesto a votar en esta elección de hoy y solo 25,1%  está dispuesto a ir a las urnas.

Estas cifras se entienden si se considera que la misma encuesta señala que la evaluación negativa de las gestión Maduro por el país es del 79,6%.

Es decir, la gente entiende que esta constituyente mantendrá a un presidente, un gobierno y un estado de cosas con el cual está mayormente en contra porque no ha dado resultados positivos.

 

¡Ay mañana!

Al ¡guíllate! y zape gato interno se ha sumado el rechazo externo de quienes entienden que esta Constituyente será el tiro en la nuca de lo que queda de democracia en Venezuela (el 63,8% de los  venezolanos ya considera esto como una dictadura, según la encuesta de Datanálisis).

Gobiernos de varios países de Europa y América e instituciones como Mercosur, la ONU, la OEA, el Parlamento Europeo sin éxito han rogado, pedido, recomendado, demandado y exigido a Maduro que eche para atrás su convocatoria.

Algunos gobiernos, como el de Estados Unidos, han ido más lejos y se disponen a aplicar a partir de mañana mismo, (según nuestras fuentes) sanciones adicionales al gobierno de Venezuela por lo que consideran un nuevo atentado a la democracia.

Y ahí es donde entra el hijo de María y comienza Cristo a padecer.

Las sanciones políticas y económicas terminan golpeando más a la gente común, a los más pobres que a los gobiernos o políticos contra quienes van dirigidas. Además, la propia turbulencia política y social ya tiene nefastas consecuencias sobre la economía doméstica en cada hogar.

Ya no se trata de que la conflictividad que ahora se acrecienta dificulte el tránsito de camiones con comida o autobuses de pasajeros. La cosa va más allá. El mismo dólar paralelo ya superó en las últimas horas antes de la constituyente los Bs 10.000 (o diez millones de bolívares de los viejos), en medio de la escasez y el desabastecimiento que tiene meses y las expectativas negativas sobre el futuro.

Por cierto, en el promedio de 2016, la evaluación positiva del país fue de 8,3% una de las más bajas de  nuestra historia reciente. Es decir, las protestas no son la causa sino las consecuencias de los problemas de escasez, inflación, violencia criminal y falta de expectativas positivas. Solo recuerde que hace un año el dólar no llegaba ni a Bs 1.000.

Entre las sanciones que se esperan tan pronto como mañana lunes, por parte de Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela están unas que afectarán los intereses de Pdvsa en ese país.

 

Omar Lugo
@omarlugo

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