Se marchó Edito López pintor de aquella Maracay

Se marchó Edito López pintor de aquella Maracay

Una lo veía resolver la elipsis de un pedazo de cielo que caía sobre la Casa de al Cultura. Sonreía y asomaba su gran nariz amable y juicios, más de las veces con la sonrisa de una aparente felicidad. Edito López, pintor, artistas egresado de la Escuela de Artes Visuales “Rafael Monasterios” de la ciudad que recorría en silencio, con un saludo al aire, con la mirada puesta en alguna curiosidad de los edificios o de algún árbol que se le antojase humano.

Sus personajes, alargados, flacos como todos los que andamos por este mapa disperso, están vivos, tan vivos como él, quien frecuenta el recuerdo de los amigos, de quienes lo dejaron solo, de quienes ni lo veían, de quienes se ufanaron en llevarlo de la mano por caminos equivocados, pero nada, Edito seguía en sus manes, dibujando sus personajes, haciendo sus retratos, caminando con el pincel en las manos, con las huellas digitales de su amistad, de su ¡hola, Alberto, mi poeta! Bajo la sombra de algún samán o algarrobo de Maracay.

La avenida 19 de Abril era parte de su itinerario. Sus pasos están allí, como los de muchos artistas ambulantes que pasaron y siguen pasando por esta ciudad malquerida. Sólo los artistas aman a esta ciudad, decía Edito con su voz queda, apagadita muchas veces.

Venía enfermo el hombre, pero no dejaba de sonreír con su nariz quevediana.  No dejaba de iluminar con sus ojos semicerrados, sólo abiertos al color, al cromo de su rutina, mientras el trazo de realidad se convertía en cuadro, en dibujo, en movimiento, en un personaje alargado por la respiración de los astros.

Hace pocas horas se marchó Edito López. Fueron más de 30 años en las calles. Más de esas tres décadas amigado con otros artistas, hasta que la abulia, el insilio, el destierro interior que provoca la enfermedad lo venció.

Quedan sus cuadros, sus dibujos, sus instalaciones espirituales, su afecto y su recuerdo.

La ciudad, la silenciosa y honesta, agradecen sus servicios, señor artista de la calle y de los salones que te recibieron.

Alberto Hernández.

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