Las críticas más crueles de Balzac contra los funcionarios y la burocracia

Las críticas más crueles de Balzac contra los funcionarios y la burocracia

Balzac fue un escritor infatigable que quiso apretar a toda la sociedad francesa de su tiempo en su ciclo de novelas «La comedia humana». Él lo explicaba de otra forma: decía que quería hacerle «la competencia al registro civil». Sea como fuere, a ese empeño dedicó toda su vida, aunque también tuvo tiempo para salirse de su magno proyecto y echar a volar la pluma en otros quehaceres. Por ejemplo, ahí está «Fisiología del funcionario» (Mármara Ediciones), que más que hacerle la competencia al registro civil lo destroza. Se trata de un breve ensayo satírico, ácido por momentos, que retrata al funcionariado a través de los (crueles) ojos del escritor. El libro, además, se anuncia con sorna. En la misma faja ya advierte: «Más de dos millones de personas nunca leerán este libro».

A lo largo del libro Balzac ofrece varias definiciones del funcionario, a cada cual más punzante. Al principio afirma que se trata de «un hombre que para vivir tiene necesidad de su sueldo, que no es libre de abandonar su puesto, ¡ya que solo sabe de papeleo!». Y más tarde añade: «Un funcionario debe ser un hombre que escribe, sentado en un escritorio. El escritorio es la cáscara del funcionario. No hay funcionario sin escritorio, no hay escritorio sin funcionario».

Imaginamos que no era mucho el cariño que Balzac dispensaba a los funcionarios. De hecho, en cierto momento los compara con los soldados, que salen ganando en la comparativa, aunque les pinta un destino bastante trágico. «Un soldado no es un funcionario: desea verdaderamente abandonar su puesto, no se siente funcionario, trabaja mucho y casi no cobra en metálico. El único metal que toca es el del cañón del fusil», apunta el francés.

Después de sus disquisiciones sobre quién es funcionario y por qué, Balzac se lanza a estudiar su utilidad. «Francia obtiene a la más indagadora, la más meticulosa, la más borroneadora, la de más papeleo, la más inventariera, controladora, verificadora, diligente, señora de la limpieza de las administraciones pasadas, presentes y futuras. No se gasta, no se cobra un céntimo en Francia que no esté ordenado por una nota, pedido por una nota, aprobado por un documento», critica. Después explica que los funcionarios «viven de estos escrúpulos» y que, si es necesario, incluso los inventan.

Y claro, no se podía olvidar de la lentitud de la burocracia, esa queja constante de la humanidad desde el inicio de los tiempos (modernos): «La burocracia tiene fallos: es lenta e insolente, traba un poco demasiado la acción ministerial, ahoga muchos proyectos, detiene el progreso; pero la administración francesa es admirablemente útil, sostiene la industria del papel». «Hoy todo el mundo es el Estado, y todo el mundo desatiende a todo el mundo. Servir a todo el mundo es servir a nadie: ¡un funcionario vive entre dos negaciones!», remata.

Alberto Hernández

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