Los muros de la aporofobia

Los muros de la aporofobia

Hace siete meses la Real Academia de la Lengua Española aceptó un nuevo término: aporofobia. Es una palabra creada por la catedrática Adela Cortina que visibiliza una de las peores tragedias que estremecen a la Humanidad como lo es el miedo o rechazo a los pobres.

La aporofobia levanta muros y divide en vez de sumar para mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos.

Siempre hemos impulsado la democracia solidaria, la corresponsabilidad, la participación y el respeto a la dignidad humana. Cuando creamos desde la Gobernación de Aragua el Instituto de Integración Social (Inisa), buscábamos la inclusión sin paternalismos ni asistencialismos. El principal componente de los programas sociales dirigidos a la infancia, jóvenes, madres y discapacitados fue la educación para el trabajo, sin olvidar a los adultos mayores. La idea era, como dice el proverbio “no dar el pescado sino enseñar a pescar”. Gracias a la descentralización, con muy pocos recursos en una Venezuela con el barril de petróleo a 8 dólares, pudimos adelantar políticas públicas pioneras que, de acuerdo a indicadores nacionales e internacionales (UNICEF-Banco Mundial), mejoraron significativamente la calidad de vida de los aragueños (1990-1996).

Siempre hemos dicho que la economía debe crecer a la medida del ser humano, tener como principal objetivo, la búsqueda del bien común. Sin embargo, no se puede repartir riqueza sin producirla. Para lograr una inversión social sostenible, tenemos que superar el modelo económico rentista dependiente del petróleo y lograr una economía diversificada que convierta las materias primas en productos terminados hechos en Venezuela. Para ello es indispensable un verdadero equilibrio entre el Estado y el mercado. Necesitamos un aparato productivo fuerte cuyo principal motor sea la inversión privada, en un Estado de Derecho que ofrezca garantías y seguridad jurídica para todos.

Erradicar la pobreza sigue siendo la principal asignatura pendiente y no se resuelve levantando muros ni con recetas populistas. Quienes prometieron la revolución de los pobres y crearon el ministerio de la Felicidad, convirtieron a Venezuela en una fábrica de miseria y pobreza. En las palabras del ex ministro de Educación Héctor Rodríguez, tenemos la explicación: “No vamos a sacarlos de la pobreza para que se conviertan en escuálidos”. Es evidente entonces que el régimen fomenta la pobreza para mantener el control político.

 

|| Carlos Tablante

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