La buena política

La buena política

“La buena política está al servicio de la paz” recordó el Papa Francisco en su mensaje del 1º de enero. No es la primera vez que el romano pontífice se refiere a la política desde la perspectiva de los valores, sea para resaltar su importancia y promover el compromiso político de los cristianos o para expresar las críticas e insatisfacciones que los errores u omisiones de los políticos generan.

Él mismo explica lo que quiso decir. Habla de una política que“…se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas…” Así se sirve a la paz que, cuando es genuina,  nunca es fruto de la imposición por la fuerza. No puede confundírsela con su versión falsificada por el adocenamiento  ideológico que es el silencio por miedo. Porque esa no respeta la vida, ni la libertad ni la dignidad de la persona.

La reflexión de Francisco, siempre preocupado por los venezolanos, es de proyección universal pero tiene especial significado para nosotros, cuando estamos acaso más urgidos que nunca de una buena política, de esa que sirve a la paz. Esa que promueve el desarrollo, la democracia, la justicia y, como decía Gallegos en frase que me gusta recordar, el imperio de las leyes bien cumplidas.

Aquí, la mejor guía para la buena política es la Constitución.

Acaba de instalarse el cuarto período de sesiones de la Asamblea Nacional. Aunque fue elegida por el pueblo en comicios libres e indiscutidos, la arbitrariedad le ha impedido ejercer sus deberes constitucionales de representarnos a todos, legislar para todos y controlar el gobierno y la administración en nombre de todos, en un abuso contra la Constitución y los ciudadanos repudiado nacional e internacionalmente.

El 10 de enero debería tomar posesión un nuevo Presidente que  organizara un gobierno nuevo que sirva a la paz al cambiar, con el concurso todos los sectores del país trabajador, creativo y productivo, las políticas destructivas y empobrecedoras.  La elección que debió producirlo, fue sustituida por un montaje incompatible con la Constitución, ilegítimo para la oposición, incluso por el sector suyo que participó, y por ilegítimo desconocido por la mayoría de la comunidad internacional.

Gravísima  situación la nuestra que reclama pasos eficaces de la mejor política. Ese es el desafío. Para quienes gobiernan. Para quienes impugnan sus políticas y aspiran sustituirlos. Y para todos los ciudadanos de este país.

 

|| Ramón Guillermo Aveledo

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