Congreso Bicentenario

Congreso Bicentenario

Las grandes fechas patrias tiene una función simbólica y otra pedagógica, las dos útiles. La simbólica remite a la unidad nacional, esto es, sirve al propósito constructivo de identificarnos y recordarnos que somos un solo pueblo. La pedagógica permite aprender lecciones del pasado con sus aciertos y sus errores, porque la experiencia puede ser un tesoro para las sociedades que buscan, sin adoración, mentiras ni aborrecimiento, conocerlas y comprenderlas al mirarlas con la perspectiva nueva que dan el tiempo y la evolución en el conocimiento y el pensamiento.

Celebraciones formales, huecas ha habido y aparte de tediosas carecen de sentido práctico. También, en estos años más recientes, se ha abusado de ellas como recurso goebbeliano de propaganda política del poder y el resultado ha sido que lo que este jueves nos unía nos divida y que el empeño de reescribir la historia torciendo su significado a lo único que nos enseña es a desconfiar del poder.

El 15 de febrero se cumple el bicentenario del discurso de Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura. Nos toca decidir si recordarlo nos sirve a todos para lo bueno y lo útil o si tomamos el camino de su manipulación, para el exclusivo provecho del grupito que manda en perjuicio del país entero.

En medio de la guerra, el Libertador sabe que la república debe organizarse. Entiende la “necesidad y la importancia” de un Congreso electo “que dé al Gobierno una forma y un carácter de legalidad y permanencia”. Para eso no se buscó unos adulantes que lo complacieran ni una banda de aventureros interesados en ver qué sacaban. Convocó a juristas verdaderos como Roscio, Peñalver, Martínez, García Cádiz, Peraza y Urbaneja, para el intento institucionalizador que en 1813 no le permitieron el tiempo y Boves. Entonces había consultado a Sanz, Ustáriz, Peña, Pulido y alguno de los hombres prudentes y sabios del diecinueve. Patriotas estudiosos, responsables, no vivarachos desvergonzados.

La guerra, cree Bolívar, no basta hay que organizar el Estado. Para eso, elecciones y un Congreso con debate verdadero al cual ofrece su “sincera sumisión”. Y cumple. Propuestas suyas no fueron aprobadas, otras modificadas e incluso se incorporó a la constitución el control parlamentario de los ascensos militares del grado de coronel en adelante. En su discurso, sobre el general victorioso que era, priva el patriota que quiere ser ciudadano.

En esta hora dificilísima, no desaprovechemos lo aprendido.

 

|| Ramón Guillermo Aveledo

Deja un comentario