La Casa Blanca difundió este jueves el anunció de que el presidente Donald Trump firmará una orden ejecutiva para cerrar el Departamento de Educación de Estados Unidos, una promesa de campaña que apunta directamente al financiamiento de la educación pública.
La medida, que se enmarca en un contexto de crisis económica y social de la nación norteamericana, busca devolver la autoridad educativa a los estados, pero sus implicancias podrían ser profundas, especialmente para los niños y adolescentes más pobres del país.
El Departamento de Educación, creado en 1979, gestiona miles de millones de dólares en fondos federales para escuelas y universidades, supervisa préstamos estudiantiles y vela por el cumplimiento de los derechos civiles en el ámbito educativo.
Programas como el Título I, que beneficia a escuelas en zonas pobres, y las Becas Pell, que ayudan a estudiantes universitarios de bajos recursos, dependen directamente de la gestión federal.
La administración Trump ya ha comenzado a reducir el personal del Departamento de Educación. De los 4,133 empleados que había al inicio de su mandato, más de 1,900 han sido despedidos o han renunciado, dejando la plantilla en aproximadamente la mitad. Estos recortes han afectado áreas críticas, como la Oficina de Derechos Civiles y el Instituto de Ciencias de la Educación, que recopila datos sobre el progreso académico del país.
Los despidos masivos han generado protestas. Manifestantes se congregaron frente a la sede del departamento en Washington, D.C., para expresar su rechazo a los recortes y al posible cierre de la agencia. “Los efectos de esta medida se sentirán en todo el país, especialmente en las familias y estudiantes que dependen de estos programas”, afirmó la senadora demócrata por Washington, Patty Murray, en un comunicado.
«¿Cuál es el objetivo final? Destruir la educación pública en Estados Unidos», culmina el comunicado.
Trump justifica el cierre del Departamento de Educación argumentando que las universidades se han convertido en “semilleros de marxismo” y que promueven ideologías que, según él, son perjudiciales para el país. En varias ocasiones criticó las instituciones educativas por propagar lo que considera una agenda liberal y ha amenazado con despedir a los acreditadores que no se alineen con su visión.
“El experimento de controlar la educación estadounidense a través de programas y dólares federales ha fallado a nuestros niños”, declaró un alto funcionario de la Casa Blanca. Trump ha prometido reemplazar a los “acreditadores de izquierda radical” por otros que defiendan lo que él llama “la tradición estadounidense”.