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sábado 13, agosto 2022

VIVE LA NOTICIA A TRAVÉS DEL DIARIO LÍDER DEL ESTADO ARAGUA Y LA REGIÓN CENTRAL DEL PAÍS

Curiel

|| Ramón Guillermo Aveledo

Muchos en las nuevas generaciones venezolanas tal vez no sepan quien fue José Curiel Rodríguez,  ingeniero y servidor público fallecido recientemente. Es comprensible, dados los empeños por borrar y reescribir la historia así como la polarización y crispación política de las últimas décadas.

Apenas tenía treinta años cuando Caldera lo nombra Ministro de Obras Públicas, entonces poderosa cartera con competencias de varios despachos actuales. Brilló por su competencia y su gestión  fue fértil en realizaciones en vialidad, agua, medio ambiente, aeropuertos y puertos, instalaciones hospitalarias y escolares, vivienda.

Diputado en varios períodos, promueve  leyes como las del Desarrollo del Sur, Política Habitacional, Zona Libre de Paraguaná y recursos el Metro de Caracas, cuya construcción había animado como ministro, aunque no pudo inaugurarse hasta 1983, con Herrera Campíns en la presidencia.

Creyente en la descentralización en 1995 se postula para gobernar su natal Falcón, en el cual ya había obra suya desde su tiempo ministerial, como el Hospital General de Coro, la importantísima vía Coro-Punto Fijo hoy deteriorada por la desidia, el aeropuerto internacional Josefa Camejo en Las Piedras y el Puerto de Muaco para servicio de ferrys a Aruba y Curazao. Elegido por el voto popular, trabajó con el empeño que le era propio  en mejorar la calidad de vida de sus paisanos. En Coro, en la costas Este y occidental, en Paraguaná y la Sierra, dejó huella su preocupación y constancia tangible su labor.

Curiel fue mi compañero en el Congreso y en la dirección socialcristiana. Voté por él para Secretario General en 1994, no me arrepiento.   Podría destacar su extraordinaria capacidad como gerente de campañas electorales o dar más detalle de sus gestiones públicas en un tiempo en que los jóvenes, cada uno en su promoción (me llevaba doce años) veíamos la política como la aventura honorable, desafío a transformar nuestra inconformidad juvenil en acción para cambiar las cosas y la democracia como oportunidad libre y pacífica. Prefiero, sin embargo, destacar su bonhomía, sencillez, su disposición a la cordialidad caracterizada por aquellos saludos efusivos que recordaremos y el hecho de que murió limpio.

Camino difícil la política, sus caminantes no somos perfectos. Erramos y somos criticados, es válido. La verdad, sin embargo, no puede taparse con niebla de olvido o lodo de calumnia. Y la verdad de Curiel es la de una vida valiosa para Venezuela.

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