Johnny Cash: los versos perdidos del Hombre de Negro

Johnny Cash: los versos perdidos del Hombre de Negro

Siempre será el Hombre de Negro, el vocero portentoso que descerrajó el rock and roll e imprimió velocidad al country, pero sobre sus espaldas de armario empotrado se amontonan personalidades complementarias e, incluso, contradictorias. Así, en la leyenda de Johnny Cash (Arkansas, 1932-Nashville, 2003) conviven el galán de tupé atildado, el predicador del rock como altavoz de los desfavorecidos, el divulgador musical con púlpito televisivo, el llanero solitario de Sun Records, el anciano crepuscular que emergió de entre las sombras con la escalofriante serie «American», el engullidor de pastillas que tan torpemente retrató el biopic «WalkThe Line», el forajido de leyenda que marcó a fuego a Bob Dylan, Steve Earle y Neil Young…

Un retrato complejo y poliédrico que suma ahora una nueva derivada con la edición «Eternas palabras» (Sexto Piso), colección de poemas inéditos que reivindica el legado literario del autor de «Cocaine Blues» y subraya su condición de «erudito, docto en textos antiguos, incluidos los de Flavio Josefo y, sin lugar a dudas, los de la Biblia». «Había sido ordenado pastor y era capaz de mantenerse fácilmente a la altura de cualquier teólogo o historiador», recuerda el hijo de Cash, John Carter Cash, en el texto introductorio que acompaña a esta antología recopilada por el poeta y ganador del premio Pulitzer Paul Muldoon. «Mi padre era un poeta. Veía el mundo a través de unas gafas únicas, con sencillez, espiritualidad y humor. Le encantaban las buenas historias y no le costaba ver el lado cómico, incluso en funestas circunstancias», añade el vástago del artista.

Talento precoz

Así que ahora que todos los aplausos se concentran en Bob Dylan, no está de más subrayar que cuando el laureado y esquivo Nobel de Duluth no era más que un mocoso de tres años, Cash ya era todo oídos para los himnos torcidos de Hank Williams y había pergeñado sus primeros versos con «Las cosas que nos dan miedo», poema fechado en 1944, cuando contaba apenas con 12 años. No se trata, como cabría esperar, de un texto infantil, sino de un puñado de rayas punzantes que ya anticipan lo que sería el imaginario del autor de «Ring Of Fire». A saber: amor, añoranza y tristeza. La fecha, en este caso, tampoco es casual: apenas un mes después, su hermano Jack moría a consecuencia de un trágico accidente con una sierra, momento clave a partir del que Cash empezaría a verlo todo aún más negro.

Porque, igual que Dylan, el autor de «FolsomPrison Blues» también bebió de la tradición de la canción escocesa e irlandesa y de las baladas polvorientas de WoodyGuthrie, pero haber vivido en primera persona los estragos de la Gran Depresión reforzó el poso amargo de sus textos. «Su música parece brotar directamente de la pobreza y las penurias de la vida rural durante la Gran Depresión, pasando por las incertidumbres de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, Corea y Vietnam, hasta las victorias de la adulación y las vicisitudes de la adicción», escribe Muldoon en la presentación de estos 41 poemas –todos con traducción al castellano y versión original en inglés, así como algunas reproducciones de los manuscritos originales– rescatados de entre la «monstruosa acumulación de cosas» que Cash dejó tras su muerte. «Todo lo que forma parte de mi padre se encuentra en este libro», subraya John Carter Cash.

De hecho, el arco narrativo de este «Eternas palabras» es tan completo que viaja de la primera niñez de Cash a sus últimos estertores, con «Para siempre», poema escrito poco antes de morir en septiembre de 2003, cerrando el círculo. «Me dices que moriré / Como las flores que tanto amé / Nada de mi nombre quedará / Nada de mi fama se recordará / Pero los árboles que he plantado / Aún son jóvenes / Las canciones que canto / Aún seguirán cantándose», escribió para completar un epitafio al que ya había empezado a dar forma con las desarmantes y dolorosas versiones de «Hurt» (NineInchNails) e «In MyLife» (The Beatles) que grabó en «American V: TheMan Comes Around», el último disco que publicó en vida.

 Alberto Hernández. 

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