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lunes 28, noviembre 2022

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Incertidumbre en México luego de entrada en vigencia de nuevo plan para migrantes en EE UU

Agencia AP

“No podemos atender a nadie, no cabe nadie más”.

José María García Lara contestaba así, de pie entre hileras de tiendas de campaña en lo que parece un pequeño almacén, al director de otro albergue para migrantes de Tijuana, en el extremo oeste de frontera entre México y Estados Unidos. Su interlocutor buscaba espacio para un grupo, parte de ellos venezolanos, que acababan de ser expulsados y para los que no tenía espacio.

A unos 2.000 kilómetros al este, la situación era similar. “Estamos al borde del colapso”, dijo Edgar Rodríguez Izquierdo desde Piedras Negras, al otro lado de la frontera con Texas.

El nuevo plan de Estados Unidos que amplía las restricciones de asilo a los venezolanos supone un reto añadido para la ya desbordada red de albergues fronterizos en México, que apenas puede hacer frente a la creciente llegada de extranjeros.

El gobierno de Joe Biden anunció el miércoles que aceptará hasta 24.000 migrantes venezolanos que se registren previamente en el programa, tengan un patrocinador en el país y lleguen por vía aérea. Pero devolverá a los que crucen la frontera ilegalmente desde México, una cifra que superó las 33.000 personas sólo en septiembre.

Los primeros venezolanos retornados como parte de este plan comenzaron a llegar de forma inmediata tras el anuncio por cinco puntos de la frontera —Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Piedras Negras y Matamoros—, según confirmó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la agencia migratoria de Naciones Unidas.

En el extremo este, la Casa del Migrante de la violenta ciudad de Matamoros recibió a unos 120 el primer día, dijo el padre Francisco Gallardo, director del albergue. Los recién llegados se sumaron al centenar de centroamericanos que ya estaban alojados allí.

La venezolana se ha convertido repentinamente en la segunda nacionalidad más numerosa en llegar a la frontera con Estados Unidos, por detrás de la mexicana. Esto supone un duro desafío para Biden, que no mantiene relación con Caracas, lo que hace las deportaciones sean casi imposibles. Por eso, el gobierno optaba generalmente por liberarlos para que siguieran su proceso migratorio en territorio estadounidense.

Casi cuatro de cada cinco que entraron en agosto lo hicieron por la zona de Eagle Pass, Texas, frente a Piedras Negras, una ciudad con escaso espacio de acogida.

Rodríguez Izquierdo, abogado de la Casa del Migrante allí, explicó que están dando 500 platos de comida a diario. En la Casa pueden albergar a unas 40 personas, pero se está acondicionando una escuela que podrá acoger a unas 150 más.

A lo largo de la frontera hay más de 120 albergues, muchos de los cuales están ampliando su capacidad, algo que las agencias de la ONU van a apoyar ahora con más fuerza, señaló Jeremy MacGillivray, jefe adjunto de la OIM en México.

Tijuana ya tiene capacidad para 4.500 migrantes, pero los albergues no dejan de crecer. El más grande, el Templo Embajadores de Jesús, donde hay 1.400 personas en literas y colchonetas, lo hace a un ritmo vertiginoso en una zona de calles de tierra que se enlodan con la lluvia y precarias construcciones de chapa. Un edificio de bloques de hormigón que se espera que aloje a miles más y que cuenta con una cocina y un comedor está a punto de terminarse y los migrantes preparan otra zona como campo de fútbol.

“Nadie sabe que va a pasar realmente”, dijo Gustavo Banda, el pastor de la iglesia.

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